Toronto (Canadá), 12 jun (EFE).- Este viernes, con el partido Canadá-Bosnia, se cumplió finalmente el sueño que han anhelado por generaciones de aficionados canadienses: convertir al país en anfitrión de un Mundial de fútbol masculino y, por fin, disputar partidos de la máxima competición en su propio territorio.

«Siempre veíamos los mundiales en otras partes del mundo y siempre teníamos la ilusión de que Canadá pudiese tener un Mundial aquí. Y ya estamos por fin», resumió antes del encuentro un aficionado latino residente en Canadá mientras se dirigía al estadio.

Canadá albergará 13 de los 104 partidos del torneo, repartidos entre Toronto y Vancouver, las dos ciudades elegidas por la FIFA para representar al país en una competición organizada conjuntamente con Estados Unidos y México.
Toronto acoge seis encuentros, incluido el Canadá-Bosnia, el primer partido de un Mundial disputado en suelo canadiense. El escenario es el remodelado estadio BMO Field, rebautizado durante el torneo como Toronto Stadium, cuya capacidad fue ampliada hasta unas 45.000 localidades para cumplir los requisitos de la FIFA.
La ciudad más poblada del país recibirá además varios partidos de la fase de grupos y una eliminatoria de dieciseisavos de final. Para Toronto, una de las urbes más multiculturales del mundo, el torneo supone una oportunidad para exhibir una diversidad reflejada también en las gradas, donde conviven comunidades procedentes de prácticamente todos los países participantes.
Vancouver, en la costa del Pacífico, será la sede canadiense con más actividad. El BC Place albergará siete encuentros, entre ellos cinco de la fase de grupos, un partido de dieciseisavos y otro de octavos de final.
El estadio, equipado con un techo retráctil y una capacidad cercana a los 54.000 espectadores para el torneo, es uno de los recintos más singulares del Mundial. Desde sus gradas se contempla el perfil montañoso de la ciudad, considerada una de las más espectaculares entre las sedes del torneo y el estadio más al norte de esta competición norteamericana.
Las dos sedes simbolizan además las dos grandes puertas de entrada a Canadá: Toronto, centro financiero y económico del país, y Vancouver, principal conexión con Asia y el Pacífico.
El entusiasmo de los aficionados refleja la dimensión histórica del momento. «Bien orgulloso de ser canadiense. A disfrutarlo y tener mucha alegría», señalaba a EFE otro seguidor poco antes del inicio del Canadá-Bosnia en los alrededores del Toronto Stadium.
Entre los miles de aficionados congregados en Toronto también estaban familias llegadas desde distintos puntos del país para vivir una experiencia irrepetible.
«Venimos a apoyar a Canadá. Estamos muy emocionados por venir con nuestros suegros», explicaba otro aficionado latino, que aprovechaba para lanzar sus pronósticos: «Probablemente Portugal vaya a ser el siguiente campeón del mundo. Argentina y Ecuador van a llegar a semifinales».
Para muchos canadienses, más allá de los resultados, el simple hecho de ver un Mundial en casa ya representa una victoria. Tras décadas observando el torneo a miles de kilómetros de distancia, Canadá se ha convertido por fin en protagonista del mayor escaparate del fútbol mundial.
Canadá es una de las sedes mundialistas más septentrionales de la historia, junto con Rusia, que organizó el Mundial de 2018 y Suecia, que acogió el de 1958.
