São Paulo, 16 jul (EFE).- El arancel adicional del 25 % anunciado por el Gobierno de Donald Trump sobre parte de las importaciones brasileñas provocó un cruce de acusaciones entre el presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro a las puertas de la campaña para las elecciones de octubre.
El dirigente progresista y el hijo mayor del exmandatario ultraderechista Jair Bolsonaro se han culpado mutuamente del nuevo gravamen, que entrará en vigor el próximo miércoles y afectará a cerca de un tercio de las exportaciones brasileñas hacia EE.UU.
«Lula ya no está en condiciones de ser el presidente de Brasil. El (Joe) Biden brasileño está malhumorado, es irresponsable y se ha convertido en un peligro para nuestra nación», dijo en sus redes Flávio Bolsonaro, principal adversario de Lula de cara a las presidenciales.
El primogénito de Jair Bolsonaro, ungido por su padre -encarcelado e inhabilitado por golpismo-, como su sucesor, siguió la línea marcada por el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, quien responsabilizó a Lula del ‘tarifazo’ por «no negociar de buena fe».
La respuesta del Gobierno brasileño fue contundente. El canciller brasileño, Mauro Vieira, tildó este jueves las declaraciones de Rubio de «inaceptables y ofensivas» y afirmó que son un ataque «grosero y arrogante hacia el jefe de Estado de un país amigo».
«Está claro que lo que incomoda al Gobierno de EE.UU. es que Brasil no se haya doblegado ante las pretensiones desmedidas y las exigencias irrazonables planteadas durante las negociaciones», dijo Vieira en un pronunciamiento en Brasilia.
Vieira citó como ejemplo «las demandas de una apertura total, irrestricta y exclusiva para EE.UU. de sectores enteros de la economía brasileña, sin ninguna contrapartida para los productos brasileños», lo que interpretó como una «capitulación».
En una rueda de prensa posterior con varios ministros, el titular de Industria y Comercio, Márcio Elias Rosa, detalló que EE.UU. exigía abrir por completo el sector químico, eliminar los aranceles sobre bienes industriales estadounidenses y limitar las inversiones de actores «no orientados por el mercado» en minerales críticos.
El nuevo arancel es fruto de una investigación de la Oficina del Representante de Comercio de EE.UU. (USTR), que concluyó que determinadas prácticas brasileñas, como el sistema automático de pagos PIX, la protección de la propiedad intelectual o la deforestación, perjudican a sus empresas.
Sin embargo, aunque Trump eximió del gravamen a unos 2.100 productos, entre ellos carne, café, petróleo y tierras raras, Lula ha prometido responder.
Lula activa mecanismo para represalias
Su gabinete anunció que activará «inmediatamente» los trámites previstos para adoptar represalias, recogidos en la llamada ‘Ley de Reciprocidad’, aprobada en abril de 2025 por el Parlamento.
«Le corresponderá a Lula discutirlo en el momento oportuno», dijo el vicepresidente Geraldo Alckmin, quien reiteró que Brasil «siempre» estará abierto al diálogo.
La Ley de Reciprocidad fue aprobada en medio de la guerra comercial iniciada por Trump, que en el caso de Brasil alcanzó su punto de máxima tensión en julio de 2025.
Entonces, el republicano decretó aranceles del 50 % contra Brasil por «motivos políticos», según Vieira, y en represalia por el juicio en el que Jair Bolsonaro fue condenado a 27 años de cárcel por tramar un golpe contra Lula tras las elecciones de 2022.
La crisis comercial derivó en un conflicto diplomático, con la retirada de visados a funcionarios brasileños y sanciones económicas a Alexandre de Moraes, el juez que investigó a Bolsonaro.
No obstante, tras un encuentro esporádico entre Lula y Trump en los pasillos de la sede de la ONU, en Nueva York, se abrió un canal de diálogo fluido que culminó con la retirada de buena parte de los aranceles.
Mientras tanto, la investigación de la USTR siguió su curso y ha concluido a pocas semanas de la campaña para las presidenciales de octubre.
En este contexto, además de prometer represalias, el Gobierno de Lula también tiene un culpable: los Bolsonaro, a los que tachó de «falsos patriotas».
«Es lamentable constatar que el desafortunado desenlace de las investigaciones forma parte de un relato construido con la activa colaboración de la familia Bolsonaro», señaló la Presidencia brasileña en una nota.
Otro de los hijos del líder ultra, Eduardo Bolsonaro, fue condenado el mes pasado a cuatro años de prisión en régimen inicial semiabierto por impulsar desde EE.UU. sanciones contra Brasil para torpedear el juicio contra su padre.
Flávio, por su parte, pidió a Trump aplazar los aranceles hasta después de las elecciones al considerar que podrían beneficiar a Lula.
