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Treinta años después del fin del cartel de Cali, hijo de capo rechaza estigma del apellido

Bogotá, 24 jul (EFE).- Treinta años después de la caída del cartel de Cali, una de las organizaciones narcotraficantes más poderosas del mundo, Miguel Ángel Rodríguez Moreno, uno de los ocho hijos de Miguel Rodríguez Orejuela, uno de sus fundadores, rechaza el estigma que arrastra su apellido.

«Me he desligado», afirma en una entrevista con EFE Rodríguez Moreno, cuyo padre, de 82 años, cumple una condena en una prisión de Estados Unidos, mientras que su tío Gilberto murió en mayo de 2022 también en una cárcel de ese país.

Rodríguez Moreno, de 49 años, insiste en que nunca hizo parte de la organización criminal y que ha dedicado su vida a construir una trayectoria propia como abogado y consultor empresarial. También creó el pódcast ‘Punto de Quiebre’, centrado en historias de personas que lograron reinventarse tras momentos de crisis.

El cartel de Cali, liderado por los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, llegó a controlar buena parte del tráfico mundial de cocaína durante los años 80 y 90 del siglo pasado y se consolidó como uno de los principales grupos colombianos dedicados al narcotráfico.

Las capturas pusieron fin a la estructura de mando de una organización que durante años disputó el control del narcotráfico con el cartel de Medellín de Pablo Escobar y mantuvo una violenta confrontación con el Estado.

Para Rodríguez Moreno, aquel episodio marcó un antes y un después. El 6 de agosto de 1995, cuando tenía 17 años, salió de su habitación y encontró a su madre y otros familiares llorando en la sala de la casa.

«Lo primero que se me vino a la mente fue: ‘A mi papá lo mataron’. Cuando me dijeron que lo habían capturado descansé, porque para mí fue volver a reencontrarme con él, aunque fuera en una cárcel», recuerda sobre el operativo en el que las autoridades detuvieron a su padre tras varios meses escondido para evadir la captura.

Asegura que, aunque la persecución de las autoridades y algunas noticias ya despertaban sospechas dentro de la familia, fue la captura la que terminó de hacerle comprender el alcance de las actividades de su padre.

Una «cúpula de cristal»

Miguel Ángel Rodríguez Moreno, uno de los ocho hijos de Miguel Rodríguez Orejuela, uno de los fundadores del cartel de Cali, una de las organizaciones narcotraficantes más poderosas del mundo, habla en una entrevista con EFE en la que rechaza el estigma que arrastra su apellido, este martes en Bogotá (Colombia). EFE/ Carlos Ortega

«Éramos unas personas en una cúpula de cristal», afirma al recordar que tanto él como sus hermanos crecieron alejados de los negocios familiares y que su madre intentó mantenerlos al margen de lo que ocurría: «No era tan fácil acceder a la información como hoy».

Paradójicamente, dice que la captura terminó acercándolo a su padre. Durante los meses en los que Miguel Rodríguez Orejuela permaneció oculto para evitar a las autoridades apenas podían verse, mientras que en los cerca de diez años que pasó recluido en Colombia antes de ser extraditado a Estados Unidos en 2005 les permitieron construir una relación que antes no habían tenido.

«Cuando estuvo en la cárcel fue donde realmente nos conocimos. Compartíamos mucho más que cuando estaba libre», recuerda.

En 2006, Miguel Rodríguez Orejuela se declaró culpable en Estados Unidos de cargos relacionados con narcotráfico y lavado de dinero, y hoy, a sus 82 años, cumple una condena en la prisión federal de baja seguridad de Big Spring, en Texas.

Rodríguez Moreno asegura que mantiene contacto telefónico con su padre, aunque explica que no puede visitarlo porque no tiene una visa para ingresar a Estados Unidos.

Según dice, el antiguo jefe del cartel de Cali tiene algunos problemas de memoria propios de la edad, pero considera que su estado de salud no difiere del de otras personas de su generación.

Treinta años después del desmantelamiento del cartel de Cali, Rodríguez Moreno asegura que prefiere no pronunciarse sobre el funcionamiento de la organización ni sobre el narcotráfico actual porque, insiste, nunca hizo parte de esa historia.

«Me he desligado de algo porque tengo muy claro mi amor propio y mi conciencia tranquila de que nunca participé en un acto criminal», concluye.

Paula Cabaleiro

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