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Sergio Ramírez: Me gustaría volver a una Nicaragua libre, pero de momento es una quimera

Madrid, 10 jun (EFE).- El escritor nicaragüense Sergio Ramírez, exiliado en Madrid desde 2021 y Premio Cervantes en 2017, afirma que le gustaría volver «a una Nicaragua libre» en la que pudiera dedicarse a la literatura, y aunque reconoce que en este momento «eso es una quimera», también sentencia: «Nicaragua es una dictadura condenada a muerte».

 Ramírez (Masatepe, Nicaragua, 1942), que acaba de publicar ‘La maldición de Ramfis’ (Alfaguara), afirma que la novela no fue escrita con intención de denunciar la corrupción política, pero la realidad lo arrastra todo y se topa con la censura y la represión.

«400 periodistas nicaragüenses están exiliados. Toda la información sobre Nicaragua se elabora fuera de la frontera y se transmite por redes; sin las redes, el país estaría en un pozo de silencio absoluto», asegura en una entrevista con EFE.

 El autor revela que ‘La maldición de Ramfis’ (Alfaguara) es la típica novela negra latinoamericana, muy diferente de la europea, que presupone la perfección de la justicia: «En América Latina es al revés», afirma, pues el nivel de corrupción es tan alto que la realidad se pone en un contexto de ficción.

Con ‘La maldición de Ramfis’, Ramírez cierra la tetralogía protagonizada por el inspector Dolores Morales, un exiliado desencantado con la revolución sandinista, y usa la plataforma de escritor para «llamar la atención sobre Nicaragua», un país, dice, del que ahora se habla poco.

Después de Cuba, «Nicaragua va a quedar a la vista»

Sobre la política de Donald Trump en Latinoamérica, el escritor considera que «si en Venezuela no se han podido garantizar unas elecciones democráticas con una fuerza organizada como la de (María) Corina Machado, ¿qué se puede esperar en Nicaragua?»

En su opinión, después de Venezuela «Cuba va a estar en las noticias, y Nicaragua llegará el momento en que salte a la vista como señuelo político».

«Nicaragua, de la que nadie se acuerda ahora mismo, necesariamente quedará a la vista y habrá un proceso parecido», advierte.

Ramírez defiende el deber del escritor, como ciudadano, para alertar de la represión, de la falta de libertad de expresión, de los presos políticos, del silencio de toda su obra censurada: «Son cosas de las que me siento obligado a hablar».

«Asumo las decisiones que tomé»

Ramírez, que en su juventud fue miembro del Frente Sandinista, vicepresidente en el primer mandato de Daniel Ortega y después férreo opositor a ese mismo régimen que le declaró apátrida, considera que esta trayectoria forma parte de su bagaje, y una experiencia que lleva a los libros porque conoce por dentro el poder y los entresijos del sistema.

«Me parece ocioso llorar por la leche derramada o plantearme cómo hubiera sido mi vida con otras decisiones. Asumo el coste de las que tomé, en el momento eran correctas», afirma.

Y eso es lo mismo que hace el protagonista de ‘La maldición de Ramfis’. El inspector Morales, su alter ego, entró en la guerrilla de adolescente (Ramírez lo hizo cuando ya tenía 30 años) y ahora vive el exilio en Costa Rica: «Va envejeciendo, pero es un personaje contemporáneo y está metido en los hechos políticos de su tiempo».

El papa y Nicaragua

Sobre la actual visita del papa León XIV a España, Ramírez subraya que hay unos 400 curas nicaragüenses exiliados, diócesis cerradas, que en Nicaragua no quedan sacerdotes y solo se pueden hacer procesiones religiosas en el perímetro de las iglesias: «Hay una fuerte represión religiosa y eso no está bien».

Comenta que el anterior papa, Francisco, se refirió en una ocasión a Nicaragua como «un régimen guarano», un término argentino que quiere decir «torpe y burdo», y recuerda que el uso de esa expresión sirvió para que Daniel Ortega rompiera relaciones con el Vaticano.

Aunque reconoce que los temas del papa ahora son otros, cree que llegará el momento en que también se hable de la persecución de la iglesia en su país natal.

Sus memorias infantiles, su próximo proyecto

El escritor, recientemente elegido miembro de la Real Academia Española (RAE) para ocupar la vacante de Mario Vargas Llosa, también se refiere al lenguaje que usa en este libro, con muchos americanismos.

«Es el lenguaje que conozco, después de cinco años en España no es fácil cambiar, y esta es la lengua en la que escribo y seguiré siempre», recalca.

También desvela que su próximo proyecto son sus memorias infantiles, que titulará ‘Retrato de familia con volcán’ porque sus recuerdos rememoran a su pueblo donde el volcán lo custodiaba todo: «Parecía tan cercano como si estuviera en el patio de casa».

Insiste en que le gustaría volver a pasear por su pueblo, aunque ya lo hace «en sueños».

Y sobre el fin de la dictadura nicaragüense, Ramírez añade que «la historia a veces va por atajos. Todas las dictaduras están condenadas a muerte, pero los plazos son los que uno no puede adivinar».

Begoña Fernández

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