México, 10 jun (EFE).- Aunque puede atribuirse a un triunfo de la medicina, la presencia del delantero Raúl Jiménez en el Mundial 2026 con la selección de México puede verse más como una manifestación del poder de una fuerza superior: la de la mente.
El 29 de noviembre del 2020, cuando el mundo batallaba contra una pandemia que mató a más de siete millones de personas, Jiménez vivió su tragedia particular. En un partido de su equipo, el Wolverhampton Wanderers, contra el Arsenal su cabeza chocó con la del brasileño David Luiz y sufrió una severa fractura de cráneo.
Los recuerdos de niño con un balón, el momento en el que conoció a la mujer que después fue su esposa, la artística chilena contra Panamá en la eliminatoria del Mundial de 2014… Todo se borró por unos minutos y los médicos se temieron lo peor.
La historia clínica delató que la vida del delantero corría peligro, con una fractura de cráneo y una hemorragia en los alrededores del cerebro, con riesgo de dejar secuelas.
«Lo importante es salvarlo y que quede sin marcas. A favor tiene la juventud de sus 29 años; si regresa al fútbol es lo de menos», dijo algún médico después de una delicada cirugía en un hospital de Londres.
Casi dos semanas después, el mexicano vio los vídeos del accidente, recreó la experiencia y aceptó el reto de burlar la realidad como a cada rato solía mofarse de los defensas de la Premier inglesa con regates inesperados.
El regreso se demoró. Cuando se sintió sano, los médicos respondieron que aún no lo estaba; perseveró y, al regresar a la cancha, lo hizo con un protector de cabeza. El remate de testa, una de sus fortalezas, parecía imposible, pero un día hizo uno, luego otro, y otro, y comprobó que otra vez era un hombre sano.
Surgido en el América, el equipo más ganador de México, antes de llegar al Wolverhampton, Jiménez pasó por el Atlético de Madrid y el Benfica, escalas en las cuales perfeccionó su juego aéreo, aprendió a levantarse cuando le fue mal y afinó su habilidad para jugar de espaldas.
En Catar 2022 fue un jugador de cambio en la selección mexicana que, dirigida por el argentino Gerardo Martino, fracasó al quedar eliminada en la fase de grupos por primera vez en casi 30 años. Para Raúl fue doloroso, pero a los 31 años sentía tener otra oportunidad.
Regresó al buen nivel en la Premier y volvió a ser un depredador con la selección mexicana, en la cual sumó la semana pasada su gol 45 (46 si le toman en cuenta uno ignorado por FIFA), para confirmarse como el delantero estrella de la selección que mañana debutará ante Sudáfrica en el Mundial.
A los 35 años el ‘lobo’ mexicano pasa por un buen momento de forma deportiva. El Fulham de la Premier lo dejó libre y el Wolverhampton anunció hace unas horas su fichaje con un mensaje cálido: «nunca se fue de nuestro corazón».
El seleccionador mexicano, Javier Aguirre, confía en que a partir de mañana, su hombre milagro se asocie con el colombiano naturalizado Julián Quiñones y juntos anoten muchos goles en el Mundial.
Lograr eso sería para Jiménez una forma de confirmar su vigencia en el fútbol de alto nivel, una especie de travesura a los 35 años, después de lograr su milagro mayor: burlarse de la muerte y regresar al inocente acto de jugar.
