Jerusalén/Gaza, 5 jun (EFE).- A punto de cumplirse ocho meses del alto el fuego en Gaza, los ataques israelíes siguen desangrando a la Franja y la solución política que pretendía la Junta de Paz, impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump, se encuentra en punto muerto desde el inicio de la inconclusa guerra de Irán.
Los datos hablan por sí solos: casi 1.000 muertos y 3.000 heridos desde que el pasado 11 de octubre Israel y el grupo islamista palestino Hamás rubricaran la tregua con intermediación de Estados Unidos. En total desde el 7 de octubre de 2023 hay casi 73.000 muertos y más de 173.000 heridos
«Se suponía que el plan traería alivio. En cambio, los palestinos en Gaza siguen pasando hambre, continúan sin tener acceso a atención médica y siguen muriendo civiles», afirmaba Adam Coogle, subdirector para Oriente Medio de Human Rights Watch, el mes pasado.
«Un sueño lejano en medio del genocidio»

Amnistía Internacional también aseguraba entonces que la reconstrucción del enclave palestino, donde aproximadamente el 77 % de las viviendas han sido destruidas o dañadas, «sigue siendo un sueño lejano en medio del genocidio y los ataques aéreos».
Los bombardeos, el uso de drones, disparos contra civiles, ataques contra puestos policiales y fuego naval en las costas de Gaza se han repetido en estos 8 meses, aterrorizando a una sociedad de más de 2 millones de habitantes.
«Cada día hay una masacre, cada día la sangre del pueblo de Gaza sigue derramándose, cada día una madre pierde a su hijo, una esposa pierde a su esposo o mueren niños (…) ¿Qué alto el fuego es este?», indicó a EFE Um Fadi Shannar, desplazada del norte de la Franja desde el sur de Gaza.
Israel y la «amenaza inminente» en la ‘línea amarilla’

El Ejército israelí dice continuar atacando Gaza para protegerse de Hamás y de acercamientos «sospechosos» a la ‘línea amarilla’ -la divisoria donde las tropas israelíes debían mantenerse replegadas en esta primera fase de alto el fuego- que consideran una «amenaza inminente».
No obstante, se han documentado muertes de familias, con mujeres y niños, cerca de esa línea y también bombardeos a campos de desplazados como el de Mawasi (sur) -alejado varios kilómetros al oeste de ella- o al corazón de la ciudad de Gaza. En estos casos, los objetivos de Israel suelen ser presuntos miembros de Hamás o miembros de las fuerzas de seguridad gazatíes.
Desde el ala política de Hamás, su portavoz en Gaza, Hazem Qasem, lleva meses expresando que «carece de sentido» hablar de alto el fuego porque Israel «sigue con sus operaciones de matanza» e imponiendo «una nueva realidad sobre el terreno».
Tropas israelíes desplegadas en el 60 % de Gaza
El propio primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirmó a mitad de mayo que sus tropas controlan ya el 60 % de la Franja de Gaza, expandiéndose más allá del 53 % estipulado donde debían quedar apostadas tras la ‘línea amarilla’.
El cese de las hostilidades y la disposición del Ejército israelí -además de los continuos bloqueos a la ayuda humanitaria- han sido los puntos principalmente incumplidos de la primera fase de alto el fuego, que se enmarcaba dentro del ‘Plan de paz para Gaza’ pergeñado por Trump.
El intercambio de 20 rehenes vivos israelíes y una treinta de cuerpos sin vida por unos 2.000 presos palestinos de Gaza y Cisjordania, sin embargo, sí se consumó.
Parálisis de la segunda fase de alto el fuego
EE.UU. declaró formalmente en enero la entrada en vigor de la fase 2 del acuerdo -que debía incluir la desmilitarización de Hamás, la creación de una fuerza internacional de estabilización y la entrada de un comité tecnocrático palestino para gobernar la Franja-, pero en la práctica se encuentra completamente bloqueada.
Desde Hamás continúan manteniendo contactos con mediadores en Egipto y Catar, además de representantes estadounidenses de la Junta de Paz, para destrabar la segunda fase del alto el fuego, cuyo punto clave para Israel es el desarme total del grupo islamista, que no se ha mostrado por el momento abierto a ello.
Problemas de financiación para la Junta de Paz
Otro de los grandes escollos por los que la Junta de Paz, que Trump ideó como una suerte de organización multilateral sustituta de Naciones Unidas integrada por países afines, no opera a pleno rendimiento es su déficit de financiación con respecto a los fondos prometidos.
Nickolay Mladenov, Alto Representante para Gaza de la Junta de Paz, ha reconocido que existe un «agujero crítico» entre el desembolso real de fondos -hasta 70.000 millones de dólares para la reconstrucción de la Franja en la hipotética fase 3 del plan- y el compromiso estipulado por los donantes.
Arabia Saudí, Kuwait y otros países del Golfo acordaron un plan de pagos escalonados, pero la falta de garantías de seguridad en la Franja y las dudas sobre la gobernanza en el enclave palestino -al que Israel no permite el acceso del comité tecnocrático palestino- han hecho que el envío de fondos se interrumpa.
«Cuando la Junta de Paz dijo que quería detener la guerra y establecer una tregua, ¿a qué se refería? La ocupación continúa en marcha, sigue habiendo asesinatos, matanzas, bombardeos, destrucción y aniquilación», se pregunta la gazatí Fadi Shannar.
Guillermo Azábal y Ahmad Awad
