Nápoles (Italia), 19 jul (EFE).- «Los napolitanos hacen más fuerza por Argentina que por Italia», afirma convencido a EFE Juan Pablo, un pintor apostado bajo el icónico mural de Diego Armando Maradona en Nápoles. La ciudad, teñida de albiceleste, se convierte en una más de Argentina con vistas a la final del Mundial contra España y honra la memoria de ‘El Pibe de Oro’.
«Nápoles es una ciudad que está muy ligada a los argentinos. Están viniendo todos que están por el resto de Italia para ver la final acá», continúa Juan Pablo, uno de los trabajadores de Largo Maradona, el santuario y punto de encuentro ubicado en el corazón de la ciudad, donde pinta cuadros y murales del astro argentino que dio al equipo partenopeo dos Ligas y una Copa de la UEFA, además de otros títulos, entre 1984 y 1990.
Las calles respiran fútbol; respiran la emoción de una final histórica. Cuatro años después de que ‘La Scaloneta’ volviera a besar la gloria y conquistara su tercera Copa del Mundo en Catar 2022, en la ciudad italiana donde el fútbol es un culto -como ocurre en toda Argentina-, no existe otro tema de conversación este domingo. Enfrente, España.
Junto a la emblemática y turística Piazza Dante, un quiosco exhibe una bandera argentina de grandes dimensiones. La albiceleste también cuelga de numerosos balcones y se repite en las camisetas de quienes recorren la Piazza del Plebiscito en dirección al mirador del Vesubio. «¡Forza Argentina!», se dicen entre ellos.
Una ciudad argentina más

Lo cierto es que la capital de Campania se ha vestido con las franjas blancas y celestes. De la relación histórica con España apenas quedan rastros, más allá del propio nombre del barrio donde rinden culto a Maradona, el icónico ‘Quartiere Spagnolo’, y algún valiente que todavía se ha atrevido a enfundarse la Roja.
En la ciudad partenopea, el Mundial se ha vivido como si Nápoles fuera una ciudad argentina más. Tras las victorias de la selección de Lionel Scaloni, las calles se llenaron tanto de aficionados del país latinoamericano como locales. Una comunión entre dos culturas unidas por una histórica ola migratoria y un culto compartido por el fútbol.
Si uno camina por sus calles, no dudará en descifrar a quién apoya la ciudad. Tarea sencilla. La leyenda de Maradona confluye estos días con la de Leo Messi, y aunque a unos 11.220 kilómetros de distancia de la capital argentina, Buenos Aires, la ciudad del sur de Italia se erige en un auténtico bastión albiceleste más.
Según el Instituto Nacional de Estadística Italiano (ISTAT), se estima que la comunidad de argentinos en Nápoles se sitúa entre 1.500 y 3.000 personas, una cifra que podría aumentar si se tiene en consideración también, gracias a los lazos históricos entre ambas naciones, la alta tasa de argentinos con doble ciudadanía.
Y en Italia, país que acumula doce años sin disputar un Mundial, con una estructura federativa cuestionada y una afición entre la resignación y la decepción, los napolitanos se han aferrado a la leyenda del astro, al vínculo con una nación que los ha acogido en sus festejos, y a una manera de entender y sentir este deporte que guarda muchas similitudes.
«Nápoles es argentina»

No supone una novedad que parte de la ciudad italiana apoye a Argentina. Nápoles, 3 de julio de 1990. Semifinal del Mundial disputado en tierras transalpinas, con la anfitriona -liderada por Carlo Ancelotti y Roberto Baggio- contra la selección de Maradona que buscaba revalidar el título logrado en México’86.
El encuentro, que cayó de lado argentino tras la tanda de penaltis, estuvo marcado por la división de la afición napolitana, que debía elegir entre Italia y su gran ídolo.
En la víspera del encuentro, Maradona avivó la polémica al declarar: «Durante 364 días al año los consideran extranjeros en su propio país, hoy quieren que apoyen a Italia». La polémica quedó servida, y sus palabras hoy resuenan 36 años.
«Nápoles es argentina», asevera, rotundo, el napolitano Roberto Federico. Él apoya al equipo de Messi por Maradona, porque su figura llegó a la ciudad «como una aparición» y trajo consigo a esta ciudad «más que San Genaro (patrón de la ciudad)», o más «que el propio Dios».
El joven partenopeo camina, con una bandera argentina colgada del hombro, al lado de Priscila Segura, llegada desde Buenos Aires, a quien ha conocido hace unas horas y a quien le ha mostrado la ciudad. «Al final (el partido) se tiene que vivir en Nápoles porque siento que dentro de Europa es una parte muy nuestra», dice ella a esta agencia.
Ambos han coincidido en que el fútbol une, aunque si algo ha demostrado la albiceleste es que también puede hacerlo fuera, en Nápoles, al calor, nunca mejor dicho, de la Finalissima. EFE
Carlos Expósito
