Ciudad de México, 6 jul (EFE).- Que los hombres no lloran, esa suposición enquistada en el machismo latinoamericano, fue una premisa burlada en las últimas 12 horas entre los varones mexicanos, algunos a lágrimas vivas por la eliminación de México en la Copa Mundial.
«No lo merecimos, jugamos mejor. Esto duele demasiado», aseguró un joven con camiseta de la selección que pidió reservar su nombre por pudor, el mismo que no tuvo al llorar colgado del cuello de su novia, quien por unos instante fue como una madre consoladora a la una de la madrugada en el centro de la ciudad.
El amanecer de este lunes fue uno de los más tristes de la capital desde el terremoto del 19 de septiembre de 2017, que causó un dolor más real, pero unió a los mexicanos de la misma manera, con anécdotas llenas de vida, algunas cursis.
En un país donde las historias humanas salen debajo de las piedras, sólo hay que moverse por las calles para atrapar algunas con tintes de realismo mágico.
Una hermosa fue la de la cantante María Jaubert y su novia Ana Puga. María nació en México, pero vivió en Inglaterra desde su primer año hasta los 11 y su corazón tiene tanto de ‘british’ como su acento. Sin embargo, este domingo volvió a su semilla y junto a su pareja, productora musical, entonaron ‘cielito lindo’ con belleza, como solo pueden hacerlo dos jóvenes dedicadas a la música.
«Vestidas con la playera de México, estuvimos ansiosas hasta el último tiro de esquina; después del penal de Jiménez, veíamos a México ganador. Fue chistoso, le cambié el nombre a mi inglesa por 90 minutos en los que se llamó María López. En ese tiempo no aceptamos nada en inglés», dijo Ana a EFE.
Al final del partido, María lloró su pena de la manera más absurda, en un inglés perfecto, el aprendido en sus años de formación en las calles de Londres.
Si hubiera un Mundial de aficiones, la mexicana llegaría a la final por ser la que más da a cambio de menos, escribió Juan Villoro, uno de los cronistas más lúcidos de habla hispana. Lo confirmaron los hinchas mexicanos desde el pasado día 11, cuando convirtieron el Estadio Ciudad de México en una mezquita.
Que el Mundial fue una tragedia es mentira. México vivió tres semanas en una burbuja de felicidad que hizo olvidar a los políticos corruptos, la violencia y los feminicidios, aunque el último capítulo del relato fue de dolor.
En el estadio Azteca, que es como todo reconocen al coloso donde Pelé y Maradona se hicieron campeones mundiales, Luis Rey Sánchez Soriano se abstuvo de llorar porque por encima de todo estaba enojado. Solo se rompió esta mañana, al contar a EFE su tristeza.
Es un tipo que sabe de dolor porque corre maratón, y de pasiones porque en los últimos 12 años gastó miles de dólares para ver a México en Brasil 2014 y Rusia 2018.
«Lloro porque me siento jodido, esta era la de nosotros. He corrido varias veces 42 kilómetros en la Ciudad de México, sé lo duro que es aguantar la altitud, imagínate cómo fue para esos tipos que viven casi a nivel del mar y llegaron cansados después de recorrer medio Estados Unidos en sus primeros juegos. Los dejamos ir», dijo.
La economía de México tendrá números rojos este lunes. Millones de hombres y mujeres llorosos no podrán rendir en sus trabajos. Para algunos, no hay vida más allá del fútbol, aunque rectificarán mañana.
«Estoy dentro de una canción de José Alfredo Jiménez; siento que la vida no vale nada», confesó en la colonia Roma una empresaria llamada Lupe, dueña de una pastelería para quien el color verde del uniforme de México dejó de ser el de la esperanza.
