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Meliá cesa toda su operativa en Cuba a partir de este viernes

Palma, 21 jul (EFE).- La relación de la hotelera mallorquina Meliá con Cuba, una de las más largas y significativas entre una empresa extranjera y la isla caribeña, se ha prolongado durante 36 años marcados primero por el auge del turismo y, en una última etapa, por la resistencia a las dificultades que han acabado con la retirada de la compañía.

El 10 de mayo de 1990, la empresa llamada entonces Sol Meliá abrió el hotel Sol Palmeras en Varadero, un paso que la convirtió en la primera firma extranjera en establecer una sociedad mixta con el Gobierno comunista cubano para la administración, comercialización y gestión hotelera, en un momento en que el turismo empezaba a consolidarse como un sector estratégico para la economía del país.

Durante los años siguientes, la presencia de la cadena creció de forma sostenida. En 2005, al celebrar 15 años en Cuba, Meliá operaba 21 hoteles y 8.479 habitaciones, y aseguraba haber atendido a cerca de un tercio de los turistas que llegaban a la isla.

En 2010, al cumplirse dos décadas de actividad, medios oficiales cubanos cifraban en 3.664 millones de dólares los ingresos obtenidos por Cuba por la actividad de la empresa española en esos 20 años.

Para entonces, el grupo ahora liderado por Gabriel Escarrer Jaume, en aquel tiempo dirigido por su padre, Gabriel Escarrer Juliá, gestionaba 25 hoteles, más de 10.400 habitaciones y comercializaba el 21 % de la capacidad hotelera de la isla.

Un destino en el ADN de la compañía

La expansión continuó en la década siguiente. En 2013, Meliá sumó un nuevo complejo en Varadero, su instalación número 26 en Cuba, y, en 2019 la compañía hablaba de un «profundo vínculo» con la isla y defendía que Cuba formaba parte de su ADN.

Ese año, cuando contaba con 34 hoteles y preveía cerrar el ejercicio con cuatro más, la empresa insistía en que su apuesta seguía intacta pese a la activación del título III de la ley Helms-Burton en Estados Unidos, que abría la puerta a demandas por expropiaciones derivadas de la Revolución de 1959.

Meliá siempre sostuvo que operaba legítimamente, que no era propietaria de los inmuebles que comercializaba y que actuaba, en la mayoría de los casos, como gestora.

Sin embargo, la relación empezó a deteriorarse por la crisis del turismo derivada de la pandemia del coronavirus, que acrecentó las dificultades operativas. En 2021, Meliá dejó de gestionar tres hoteles por sus «escasas oportunidades comerciales» tras el desplome de la actividad a raíz de la covid-19.

Complicaciones máximas con el bloqueo de Trump

Con el inicio, en enero de 2025, del segundo mandato de Donald Trump al frente de la Casa Blanca, el Gobierno de Estados Unidos impuso un férreo bloqueo sobre Cuba y amenazó con sanciones a todas las empresas que operaran en la isla en colaboración con el régimen que lidera Miguel Díaz-Canel.

En este contexto, el pasado 3 de junio Meliá anunció su salida inmediata de 15 hoteles por el «contexto geopolítico, social, legal y económico» y este mismo martes ha comunicado el cese de toda su actividad en Cuba a partir del 24 de julio.

Termina de este modo, al menos por ahora, una relación empresarial de 36 años que simbolizó la apertura del país caribeño al turismo internacional y contribuyó a situar a la compañía española en primera línea del sector hotelero mundial.

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