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Los vecinos de la libanesa Nabatieh vuelven con cautela a una ciudad marcada por la guerra

Nabatieh (Líbano), 3 jul (EFE).- Las calles de la ciudad de Nabatieh, en el sur del Líbano, vuelven a llenarse lentamente de coches y peatones después de cuatro meses marcados por los bombardeos israelíes y tras una relativa calma cuando se cumple una semana del acuerdo marco anunciado en Washington entre el Líbano e Israel para avanzar hacia una «paz y seguridad duraderas».

Por donde hasta hace unos días apenas circulaban vehículos por temor a los ataques, este viernes transitan algunos cortejos fúnebres que recorren la localidad para dar sepultura definitiva a combatientes del grupo chií libanés Hizbulá fallecidos durante la ofensiva israelí.

Dos caravanas de una treintena de vehículos se suceden por una de las principales vías de la ciudad encabezadas por coches con los retratos de los fallecidos, seguida por otros adornados con flores blancas y banderas amarillas de Hizbulá mientras avanzan ambulancias que transportan los cuerpos.

Recuperar el día a día

Un joven posa en las calles de la ciudad de Nabatieh, en el sur del Líbano, que vuelven a llenarse lentamente de coches y peatones después de cuatro meses marcados por los bombardeos israelíes. EFE/Edgar Gutiérrez

Poco a poco vuelven a abrir algunos comercios mientras vecinos retiran escombros de edificios reducidos a montañas de piedras, cristales y hierros retorcidos.

A diferencia de jornadas anteriores, esta vez no se escuchan explosiones ni en la ciudad ni en sus alrededores, pero los vecinos aseguran que la sensación de seguridad sigue siendo frágil.

«Cuando hay algún ataque, la gente se marcha porque tiene miedo. Poco a poco la situación va mejorando, pero Nabatieh sigue siendo una zona de contacto», explica a EFE Mahdi Shmeisani, de 30 años, que tuvo que desplazarse a Beirut durante la guerra y perdió a un tío y a cinco amigos.

Aunque ha regresado, asegura que solo desea que la población pueda volver definitivamente y recuperar la normalidad dejando atrás el trauma de la guerra.

La cautela también marca la rutina de Hussein Hamade, florista de 51 años, que regresó hace apenas tres días tras permanecer desplazado durante cuatro meses.

Su negocio sufrió daños y ahora protege los escaparates con madera y plástico en lugar de instalar nuevos cristales: «No sabemos qué nos espera», afirma.

Él y su familia mantienen todavía una vivienda alquilada por si vuelven los bombardeos, ya que su propia casa permanece dentro de una zona ocupada por Israel y ni siquiera ha podido comprobar su estado.

Cautela y desconfianza

Las calles de la ciudad de Nabatieh, en el sur del Líbano, vuelven a llenarse lentamente de coches y peatones después de cuatro meses marcados por los bombardeos israelíes. EFE/Edgar Gutiérrez

Para otros vecinos, el acuerdo apenas ha cambiado la situación, explica a EFE Ahmed Jaber, de 62 años, quien sostiene que los drones israelíes continúan sobrevolando la zona y que por las noches siguen escuchándose disparos.

«Lo único que ha cambiado es que ya no se oyen tantos proyectiles, pero la guerra sigue. La gente continúa viviendo con miedo», lamenta.

Una percepción similar comparte Ali Al Hajj Ali, un vendedor de verduras y hortalizas que asegura que poco después del anuncio del acuerdo dos bombardeos impactaron junto a su vivienda, obligándolo a sacar a sus hijos de la zona. Durante el día regresan a la ciudad, pero por la noche la familia duerme en otro lugar.

El acuerdo entre Israel y Líbano anunciado el 26 de junio bajo mediación estadounidense contempla, entre otras medidas, la retirada de fuerzas israelíes de dos zonas del sur del Líbano para su sustitución por el Ejército libanés y la creación de grupos de trabajo para negociar un futuro tratado de paz y seguridad.

Desde el inicio de la ofensiva israelí el pasado 2 de marzo, el Ministerio de Salud Pública libanés cifra en 4.301 los muertos y en 12.199 los heridos, según el último balance emitido este viernes.

En Nabatieh, mientras algunos vecinos regresan y los negocios levantan de nuevo la persiana, otros siguen preparados para marcharse otra vez al primer indicio de que la violencia pueda regresar.

Rosa Soto y Ali Ghandoura

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