InicioInternacionalesLos rescatistas de Nabatieh, entre bombas e incertidumbre: “No sabemos si regresaremos”

Los rescatistas de Nabatieh, entre bombas e incertidumbre: “No sabemos si regresaremos”

Nabatieh (Líbano), 19 jun (EFE).- Los voluntarios de Ambulancias Nabatieh estaban preparados cuando en la madrugada de este viernes el Ejército de Israel comenzó a bombardear varias localidades en el sur del Líbano, pese al memorando de entendimiento firmado el miércoles por la noche entre Estados Unidos e Irán que extiende el cese de hostilidades al país mediterráneo.

Cuando escucharon la primera explosión esta madrugada en Harouf, cerca de la ciudad de Nabatieh, supieron que era hora de actuar, pero la intensidad de los bombardeos fue tal que las ambulancias permanecieron inmóviles durante horas.

«No pudimos movernos en absoluto. Había un volumen muy elevado de fuego sobre Nabatieh y las localidades vecinas: bombardeos de artillería y ataques aéreos», relata a EFE Mohammad Suleiman, jefe del Departamento de Emergencias y Capacitación de Ambulancias Nabatieh.

Una rutina afectada por la guerra

- Imagen de los bombardeos del ejercito israelí este viernes sobre la ciudad de Nabatieh, en el sur de Líbano. EFE / Edgar Gutiérrez

La actividad no se reanudó hasta el amanecer. Desde las siete de la mañana, los socorristas comenzaron a responder a las llamadas acumuladas durante la noche: familias atrapadas en sus viviendas, civiles aislados cerca de zonas bombardeadas y víctimas de nuevos ataques.

En pocas horas evacuaron a unas 15 familias, atendieron a dos personas heridas por un ataque de dron y recuperaron los cuerpos de dos fallecidos alcanzados en pleno mercado de la ciudad.

La rutina de estos equipos ha cambiado radicalmente desde el inicio de la guerra, ya que al principio acudían de inmediato a los lugares atacados, pero ahora esperan varios minutos antes de intervenir para evaluar los riesgos.

«A veces esperamos entre siete y ocho minutos antes de equiparnos y desplazarnos. Cuando se trata de un ataque con dron, tomamos aún más precauciones, porque ha ocurrido varias veces que vuelven a atacar a los equipos de rescate», explica a EFE Ghaleb Jaber, socorrista desde 2012.

Los nombres de los muertos siguen presentes

.- Un paramédico de la organización Ambulancias Nabatieh observa este viernes un bombardeo israelí sobre la ciudad de Nabatieh, sur de Líbano. EFE / Edgar Gutiérrez.

La amenaza no es hipotética, porque los socorristas de Ambulancias Nabatieh han perdido a tres compañeros durante el conflicto: Mahdi Abu Zeid, Joud Suleiman y Ali Jaber.

Sus nombres siguen presentes en cada salida y han obligado a modificar protocolos y reducir el personal de las ambulancias para minimizar las bajas en caso de ataque tras contabilizar 135 profesionales sanitarios muertos y 405 heridos, según datos del Ministerio de Salud Pública libanesa.

«Ahora salen dos vehículos por cada emergencia y en cada uno viajan tres socorristas», señala el responsable de emergencias, que coordina los desplazamientos según la evolución de los bombardeos.

Las restricciones también se han multiplicado y áreas a las que antes podían acceder con relativa facilidad han quedado prácticamente fuera de su alcance.

«Cuando salimos de aquí, sinceramente, no sabemos si vamos a regresar o no», admite Jaber.

Se desvanece la esperanza de la normalidad

Las operaciones de rescate dependen de la magnitud de la destrucción y en algunos casos basta con asistir a heridos localizados junto a una carretera, mientras que en otros, los equipos necesitan maquinaria pesada para acceder a edificios derrumbados.

Suleiman recuerda intervenciones en las que los ataques israelíes fueron tan intensos que tuvieron que retirarse temporalmente.

En una ocasión, mientras intentaban recuperar el cuerpo de una víctima en el barrio de Al Maqased y solicitaban apoyo de los bomberos para extinguir incendios cercanos, los bombardeos volvieron a recrudecerse, aunque finalmente lograron completar la evacuación.

«Ellos observan constantemente nuestro trabajo y limitan nuestros movimientos de una manera completamente fuera de lo normal», lamenta.

Jaber dice que, como muchos de sus compañeros, ha visto cómo la profesión pasaba de ser una carrera contrarreloj para salvar vidas a una actividad en la que los propios rescatistas se han convertido en potenciales objetivos.

Mientras persisten los ataques, las esperanzas de una vuelta a la normalidad se desvanecen: «Pensábamos que hoy todo iba a terminar, que podríamos volver a nuestras casas y que la gente regresaría», dice Suleiman.

Sin embargo, tras la violencia de las últimas horas, reconoce que nadie se atreve a hacer pronósticos mientras que las sirenas en Nabatieh suenan poco después del ruido de las explosiones.

Rosa Soto y Ali Ghandoura

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