El Cairo, 12 jun (EFE).- Mohamed Kamal y su equipo tardaron dos meses en obtener permisos y más de un día de carretera para llevar comida y suministros al estado de Nilo Azul, fronterizo con Etiopía y uno de los principales frentes de la guerra en Sudán, donde la falta de acceso de las ONG está exacerbando aún más la peor catástrofe humanitaria del planeta.
Tras llegar hace unos días a Nilo Azul, donde en cuatro meses más de 60.000 personas han sido desplazadas, Kamal, el director para Sudán de Plan Internacional, ha atestiguado las precarias condiciones en las que sobreviven miles de sudaneses, que no cuentan con suministros básicos, alimentos e incluso duermen a la intemperie.
«Decidimos priorizar los alimentos porque miles de personas aquí han quedado abandonadas sin acceso a comida», cuenta a EFE Kamal, que junto a su equipo ha logrado transportar 150 toneladas de suministros en un momento en el que «las necesidades son enormes y la situación humanitaria es verdaderamente catastrófica».
Un largo camino

Llegar hasta aquí «no ha sido un viaje fácil», recuerda el responsable de la ONG, que explica que para llevar ayuda a Nilo Azul se debe obtener un permiso del Ejército sudanés, que en su caso se demoró unos dos meses pese a presentar varias solicitudes y tener en regla toda la documentación requerida por las autoridades.
Ya con el permiso en mano, Kamal tardó diez horas en viajar por carretera desde Port Sudán (norte) hasta la capital, Jartum, por una vía que «no está asfaltada y tampoco es segura porque en cualquier momento uno puede ser objetivo de los drones» que lanza el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR).
Desde Jartum, otras diez horas hasta llegar a Al Damazin, la capital de Nilo Azul y donde se concentran la mayoría de los desplazados que han logrado huir de las zonas cercanas al frente de batalla.
«En términos generales, la capacidad de adaptación es un gran desafío en Sudán en ambos lados (con el Ejército y las FAR), y debemos pasar por muchos procesos y procedimientos para que un viaje sea aprobado y finalmente poder llegar al terreno», lamenta el director de país de Plan Internacional.
Una situación insostenible
Llevar ayuda es imprescindible en un momento en el que casi 19,5 millones de personas se enfrentan a niveles críticos de hambre y hay «múltiples zonas en riesgo de hambruna» en Sudán, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA).
La ONU estima que 33,7 millones de personas necesitan ayuda humanitaria, y la llegada este mes de la época de lluvias puede empeorar la situación con más desplazamientos y brotes de enfermedades como la malaria, el dengue o el cólera, alerta Kamal, que recuerda que el acceso al agua potable es extremadamente limitado en zonas remotas.
Pero más allá de las dificultades logísticas para llegar a millones de afectados por la guerra, las ONG también deben tomar riesgos con los múltiples desafíos de seguridad y ataques de ambos bandos, que desde el estallido del conflicto en Sudán en abril de 2023 han matado a más de 130 trabajadores humanitarios.
«Por muchas medidas de seguridad que se adopten, por mucha coordinación que exista con otras organizaciones y agencias de la ONU, cuando se visitan zonas tan peligrosas hay que asumir que quizá no regresarás», sentencia.
