Madrid, 25 jun (EFE).- Un equipo internacional de científicos ha estudiado por primera vez la estrecha relación que existe entre las comunidades microbianas marinas antárticas y las masas de agua marinas del continente, una información que será clave para diseñar medidas de conservación ambiental en la Antártida.
Para hacer el trabajo, el equipo, formado por científicos de Chile, España, Estados Unidos, Francia, China y Canadá, analizó muestras de agua de Estrecho de Gerlache (Antártida), en el Océano Austral, una zona de especial interés ecológico que busca convertirse en un área marina protegida.
Al analizar las muestras, recogidas entre uno y 400 metros de profundidad, el equipo ha descrito qué microorganismos hay y su papel en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas antárticos, tanto en redes tróficas como en ciclos biogeoquímicos.
El estudio, publicado en BMC Biology, analiza la «huella microbiana de las masas de agua» y describe las características del agua, en función de las comunidades microbianas que contiene y que son indicadores ecológicos del funcionamiento del ecosistema.
«Hemos querido plasmar una mirada más dinámica de los ecosistemas marinos, porque el océano no es estático, sino que cambia continuamente. Tradicionalmente se ha estudiado la microbiología marina de manera localizada (qué hay en cada sitio), aquí incorporamos de forma integral el contexto oceanográfico, tratándolo como un componente esencial del análisis, lo que nos permite una interpretación más completa del sistema estudiado», según la investigadora del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) español Mireia Mestre.
«Lo que hemos hecho ha sido, para cada masa de agua, analizar microorganismos procariotas y eucariotas, estudiando tanto los microorganismos de vida libre como los asociados a partículas, y hemos revisado qué papel tienen. El resultado es una visión del ecosistema más amplia de la tradicional», añadió Mestre.
Estrecho de Gerlache
El Estrecho del Gerlache es uno de los entornos más bellos del Océano Austral, donde se concentran grandes cantidades de mamíferos como ballenas, focas y leones marinos, y también pingüinos y otras aves marinas gracias a la abundancia del kril, que constituye la base de la cadena alimenticia de este ecosistema.
En el estudio, el equipo ha detectado que los cambios en las condiciones oceánicas (temperatura, salinidad, etc.) asociadas al cambio climático, están modificando las comunidades microbianas, lo que afectará al ecosistema entero.
Los investigadores han observado cambios en dos microorganismos muy distintos: las diatomeas están disminuyendo mientras aumentan los criptófitos.
Estos cambios afectarán a las cadenas tróficas, por un lado, en el kril, que encontrará menos alimento (las diatomeas son mucho más nutritivas que los criptófitos) y, por otro lado, en el secuestro biológico de carbono.
«El Océano Austral es a día de hoy un sistema muy eficiente de secuestro de carbono atmosférico. Si el kril y las diatomeas disminuyen, también lo hará la cantidad de carbono secuestrada desde la atmósfera hacia el fondo del océano», apuntó Alicia Prior, del MNCN.
«Es interesante ver cómo el deshielo y entrada de agua dulce afecta a la comunidad de microorganismos en las aguas superficiales del estrecho, pero estos efectos se ven modulados por la historia de las masas de agua», añadió Juan Höfer, investigador del proyecto chileno de investigación científica, ICEMELT.
Multilateralismo y conservación
Durante décadas, la Antártida ha sido un ejemplo de multilateralismo donde la conservación y la ciencia se consideran los principales objetivos, sin embargo, en los últimos años ha aumentado el turismo y la presión pesquera, por eso es importante establecer áreas marinas protegidas que permitan mantener el entrono lo más prístino posible.
Los autores del trabajo creen que sus hallazgos subrayan la necesidad de establecer medidas de conservación en la zona, especialmente en el Estrecho de Gerlache.
«En la última década, se ha impulsado la creación de áreas marinas protegidas en Antártida, sin embargo, la falta de convergencia internacional impide el avance de las iniciativas», advirtió Mestre.
Este trabajo ayuda a comprender el funcionamiento de estos ecosistemas y a que «los responsables de la gestión ambiental reconozcan la importancia de preservar la Antártida y de considerar a los microorganismos dentro de las medidas de conservación ambiental”, concluyó.
