Redacción Ciencia, 7 jul (EFE).- La tasa de infertilidad aumenta en el mundo entre las mujeres en edad reproductiva avanzada (de 35 a 49 años) y alrededor de 53,6 millones estaban afectadas en 2023.
Un estudio que publica The Lancet Obstetrics, Gynaecology, & Women’s Health y encabeza el Hospital de la Universidad Médica de Chongqing (China) prevé que esa cifra aumente hasta 79,6 millones en el mundo en 2036.
La investigación emplea la base de datos del estudio Carga Global de Enfermedad (GBE) con información de 204 territorios entre 1990 y 2023.
La prevalencia de infertilidad del GBE es una cifra modelada que depende, en buena medida, de que la mujer desee tener hijos, busque atención médica y disponga de servicios diagnósticos.
El estudio indica que Asia es la región con mayor necesidad de atención en materia de fertilidad y Australasia la que menos.
Aunque las diferencias entre las regiones de bajos y altos ingresos se han reducido, la carga se desplaza hacia estos últimos, donde las mujeres tienden más a retrasar el embarazo y a someterse a pruebas y tratamientos de fertilidad.
Los investigadores usaron, entre otros indicadores, la tasa de prevalencia estandarizada por edad (ASPR), que subió en todas las regiones del mundo en el periodo estudiado.
La tasa ASPR utiliza como denominador a las mujeres de 35 a 49 años (expresada por cada 100.000 mujeres de este grupo), por lo que no es toda la población nacional y no se limita a aquellas que intentan activamente quedarse embarazadas, explicó la autora principal, Queenie Li Ling Jun, de la Universidad Nacional de Singapur.
Con el mayor envejecimiento de la población mundial, la infertilidad femenina entre las mujeres en edad reproductiva avanzada se ha convertido «en un grave problema de salud pública, con importantes repercusiones económicas» para ellas, las familias y los sistemas sanitarios, señala el estudio.
El aumento de los costes de los tratamientos y las pérdidas de productividad ponen de relieve -agrega- la urgencia de adoptar respuestas integradas en materia de políticas sanitarias y económicas.
Para hacer frente a la creciente demanda, los autores abogan por ampliar e integrar los servicios de fertilidad en la atención primaria de salud y por reducir las barreras económicas asociadas a la atención de la fertilidad.
Los resultados ponen de relieve «la necesidad urgente» de contar con estrategias de salud reproductiva más inclusivas, accesibles y adaptadas al contexto, para «hacer frente a la creciente carga que supone la infertilidad y reducir las desigualdades en la atención y los resultados a nivel mundial».
