Redacción Ciencia, 22 jul (EFE).- La mayoría de países (99 %) abusan de ciertos antibióticos que, cuando su uso es excesivo, son los que más contribuyen a generar resistencias, según un estudio con datos de 186 territorios.
El análisis se publica en la revista The Lancet Public Health y presenta estimaciones científicas sobre la cantidad y los tipos de antibióticos que, en teoría, cada país debería utilizar, basándose en las tasas locales de infección y resistencia a estos fármacos.
Garantizar el acceso adecuado a los antibióticos esenciales es un objetivo crucial de salud pública, recuerdan en su estudio los investigadores, para quienes este marco puede proporcionar a los países una herramienta práctica para evaluar si su uso es, en general, adecuado y para abordar también tanto la utilización excesiva como el uso incorrecto de determinados antibióticos.
En este sentido, los autores, de la Universidad de Oxford, de Londres y de Pensilvania, entre otros, abogan por políticas nacionales que reduzcan la prescripción innecesaria y mejoren el acceso de los pacientes que realmente los necesitan.
La Organización Mundial de la Salud agrupa los antibióticos en tres categorías dentro del sistema «AWaRe», cuyas siglas en inglés se refieren a acceso, precaución y reserva.
Los de acceso, como la amoxicilina, son tratamientos de primera línea de uso cotidiano adecuados para las infecciones más comunes.
Los que están bajo la etiqueta de precaución son medicamentos más potentes que deben reservarse para afecciones específicas en las que los más sencillos no surten efecto, y los de reserva son tratamientos de último recurso para las infecciones resistentes.
En 2024, los líderes mundiales reunidos en las Naciones Unidas acordaron que, para 2030, al menos el 70 % del uso de antibióticos a nivel mundial debería corresponder al grupo de acceso, recuerda un comunicado de la revista.
Para el nuevo trabajo, que incluye a España, el equipo desarrolló un marco que agrupa a los países en categorías homogéneas en función de características compartidas, como los niveles de pobreza, las tasas de enfermedades infecciosas, la resistencia a los antibióticos y la solidez de los sistemas sanitarios locales.
Dentro de cada grupo, se utilizaron como puntos de referencia los países con el menor consumo de antibióticos y el menor número de muertes relacionadas con infecciones para determinar cuál debería ser el uso óptimo de antibióticos en países similares.
Los investigadores calcularon los millones de ciclos de tratamiento con antibióticos que se necesitaron en todo el mundo en 2019 para tratar todas las infecciones bacterianas y estimaron que alrededor del 77 % deberían haber sido antibióticos de la categoría acceso, lo que sugiere que el objetivo del 70 % fijado por la ONU es razonable.
Sin embargo, al comparar estas estimaciones con los datos reales de 67 países, descubrieron que casi tres cuartas partes de ellos utilizaban, en general, más antibióticos de los necesarios.
Además, casi todos los países (el 99 %) hacían un uso excesivo de los antibióticos de la categoría precaución. Cuando se utilizan en exceso, este tipo son los que más contribuyen a la resistencia a los antibióticos.
Al mismo tiempo, más de la mitad de los países y territorios con datos reales disponibles no utilizaban suficientes antibióticos de la categoría reserva, lo que significa que los pacientes con infecciones resistentes a los medicamentos, que ponen en peligro la vida, podrían no estar recibiendo los tratamientos que necesitan.
Asimismo, el 60 % de los territorios seguía utilizando antibióticos que, según la OMS, ya no deberían recetarse.
El estudio pone igualmente de relieve una importante desigualdad a nivel mundial. Los países de ingresos bajos y medios, que se enfrentan a una mayor carga de enfermedades infecciosas y de resistencia a los medicamentos, necesitan proporcionalmente más antibióticos especializados de las categorías acceso y reserva que las naciones más ricas.
No obstante, son los países de ingresos más altos los que actualmente más utilizan estos tipos.
