Tánger (Marruecos), 19 jun (EFE).- Reconocida como una de las grandes fotógrafas contemporáneas, Isabel Muñoz reivindica el poder de la imagen para contar historias y transmitir emociones, mientras explora nuevas formas de expresión visual con proyectos como «El agua que somos» en Photo Tánger, primer festival internacional de fotografía de esta ciudad marroquí, con España como país invitado.
Fotógrafa de vocación tardía, Isabel Muñoz (Barcelona, 1951) es académica y ha sido galardonada con dos World Press Photo, el Premio Nacional de Fotografía y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en España, entre otros reconocimientos.
Apasionada por su trabajo, sostiene que «la fotografía transmite sentimientos y no puedes transmitir lo que no amas», en una entrevista con EFE en la Galería del Instituto Cervantes de Tánger, donde se exhibe «El agua que somos», fruto de una década de investigación y trabajo.
Con esta serie quiso llamar la atención sobre la contaminación marina. Aprendió a bucear y se sumergió en aguas del Mediterráneo y de Japón junto a la japonesa Ai Futaki, doble récord mundial de apnea.
La experiencia le permitió documentar tanto las amenazas de la contaminación y los microplásticos como la riqueza de ecosistemas marinos protegidos, como la reserva de la isla española de Tabarca. «También me gusta contar esas historias con luz y esperanza», explica.
Optimista, Muñoz confía en que «todavía estamos a tiempo» de devolver a las próximas generaciones «algo de ese mar que hemos recibido».
Un guiño a Juan Goytisolo
El cuerpo humano y la influencia de la danza en su formación ocupan un lugar central en la obra de Isabel Muñoz. Bailarinas bajo el agua, figuras masculinas evocando una crucifixión y hasta la fuerza de un caballo en el agua son algunas de las imágenes más llamativas de la exposición.
El montaje incluye un recuerdo a Juan Goytisolo, que pasó gran parte de su vida en Marruecos, con la incorporación de fotografías de su serie sobre los luchadores turcos.
«Él admiraba mucho la masculinidad turca», recuerda la artista, cuyas imágenes ilustraron ‘Fuerte como un turco’ del escritor español.
«Estar en Tánger, una ciudad que él amó tanto, me hacía ilusión. Por eso quise comenzar la exposición con un guiño a su figura», apunta en la entrevista con EFE.
Más allá de la imagen fija
Para Muñoz, la fotografía no es una imagen inmóvil sino «movimiento, vídeo, objeto». «En el fondo -dice- somos contadores de historias y utilizamos todas las herramientas a nuestro alcance para narrarlas».
A través de esa voluntad de experimentar llegó a la platinotipia, una técnica artesanal compleja y costosa que confiere a las imágenes una textura y profundidad únicas.
La fotógrafa trabaja con copias de gran formato y prepara manualmente el papel aplicando una emulsión de platino antes del revelado.
«Sigo trabajando con esta técnica, pero también continúo investigando» aunque «no para añadir algo artificial a la imagen, sino para enriquecer lo que cuenta», continúa la artista, orgullosa de uno de sus últimos proyectos, una serie presentada en las Colecciones Reales de España, donde ha experimentado con nuevos soportes y materiales.
IA y «contrainteligencia»
Aunque defiende la innovación tecnológica, Isabel Muñoz alerta contra los riesgos de la inteligencia artificial.
«La fotografía está viviendo un momento parecido al que experimentó en el siglo XIX», opina la artista, que ve en las herramientas digitales una puerta a nuevas posibilidades creativas.
Sin embargo, «me preocupa la mala utilización y la manipulación de la que podemos ser objeto», advierte, y sus consecuencias sobre los jóvenes: «Cuando te lo dan todo sin ningún esfuerzo, corres el riesgo de empobrecerte».
«La única forma de luchar contra este fenómeno será crear una especie de contrainteligencia artificial que nos permita defendernos de una máquina cuyo destino todavía desconocemos. Es un momento complejo».
Con obra expuesta en varios museos internacionales, como la Maison Européenne de la Photographie de París, el New Museum of Contemporary Art de Nueva York o el Reina Sofía de Madrid, Isabel Muñoz celebra la creciente presencia de mujeres en la fotografía y rescata la importancia de festivales como Photo Tánger para dar visibilidad a trabajos y relatos que de otro modo quedarían ocultos.
Porque, concluye, «la historia que no se cuenta es una historia que no existe».
Mar Marín
