Lima, 4 jun (EFE).- La candidata derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez cerraron este jueves la campaña electoral para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú, que se debate entre devolver al fujimorismo al gobierno o reivindicar un proyecto de izquierda tras el gobierno interrumpido de Pedro Castillo (2021-2022).
Ambos candidatos celebraron sus mitines finales de campaña en la capital Lima, enfocados en convencer a los indecisos, que serán clave hasta última hora para decantar la elección, después de que circulase este jueves de manera privada un sondeo que marca un empate técnico entre ambas opciones, con una mínima ventaja para el izquierdista.
En sus últimos discursos, Fujimori y Sánchez enfatizaron el eje de esta campaña, donde ambos se han culpado del «caos» del país y han prometido devolver al país a la estabilidad, tras haber tenido ocho presidentes en la última década, en una sucesión de destituciones presidenciales desde el Congreso, la mayoría con los votos del fujimorismo y otros partidos.
La hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) finalizó su campaña en un multitudinario acto en los exteriores del Estadio Monumental donde prometió lograr la «reconciliación nacional» del país en solo cinco años, pues señaló que solo pretende gobernar durante un mandato, sin buscar la reelección inmediata, que impide la Constitución.
«Esta elección nos va a permitir elegir el rumbo: si es que queremos avanzar en unidad o retroceder y quedarnos atrapados en el odio, el insulto y la venganza. Nosotros representamos progreso, ellos representan retroceso. Nosotros representamos reconciliación, ellos lo que buscan es dividir a todos los peruanos», señaló la líder del partido fujimorista Fuerza Popular.
Fujimori, que se presenta por cuarta vez a la Presidencia tras haber perdido en las tres ocasiones anteriores en segunda vuelta ante Ollanta Humala (2011), Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Pedro Castillo (2021), aseguró que esas experiencias no le hicieron desfallecer en su propósito de reconciliar el país.
Además, insistió en que solo tiene «permiso» de sus hijas para gobernar por los cinco años de un solo mandato, sin buscar una eventual reelección inmediata no contemplada en la norma como buscó su padre, que gobernó por una década antes de dimitir por fax desde Japón, para más tarde ser condenado a prisión por corrupción y violaciones de derechos humanos.
Por su parte, en un mitin en el céntrico Campo de Marte, Sánchez apeló también a la unidad para restablecer la democracia y el equilibrio de poderes en Perú, al considerar que se ha roto en los últimos años con la actuación del fujimorismo y sus aliados políticos en el Congreso.
«Abajo el fujimorismo, abajo la corrupción, porque vamos a derrotarlo, podemos ser pobres pero no somos corruptos», dijo el exministro de Castillo, que prometió como primera medida derogar las denominadas ‘leyes procrimen’ que promovió el fujimorismo junto a sus socios en Legislativo.
Sánchez reivindicó la figura de Castillo, al que ha prometido indultar de la condena de 11 años y 5 meses de cárcel por el fallido intento de golpe de Estado de finales de 2022, donde ordenó cerrar el opositor Congreso para evitar que por tercera vez tratase de destituirlo en apenas año y medio.
Portando el sombrero andino del expresidente Castillo en las elecciones de 2021, Sánchez dijo que la elección del exmandatario fue una «cachetada a la clase política», pero que sufrió de racismo y discriminación, razón por la cual ahora él es «el hito del nuevo proyecto popular que va a refundar la patria».
Quien gane, bien sea la líder del partido fujimorista Fuerza Popular o bien el líder del izquierdista partido Juntos por el Perú, obtendrá el derecho de gobernar el país para los siguientes cinco años (2026-2031).
