La Habana, 21 jun (EFE).- Ramiro Valdés Menéndez, histórico de la revolución cubana, falleció este domingo a los 94 años después de más de seis décadas en puestos de responsabilidad, de organizar el espionaje interior y la represión a la vicepresidencia, pasando por las telecomunicaciones.
Héroe de la República, comandante de la revolución, ministro del Interior 23 años y vicepresidente durante casi 20, Valdés era reservado, inflexible, obstinado y trabajador, según sus biógrafos.
Marxista ortodoxo y prosoviético, tenía un convencimiento casi determinista de su papel.
“(En) la revolución, después de la primera vez, no hay más voluntariedad. Es lo que te toca y lo que tienes que hacer, sin mirar para atrás ni para los lados”, aseguró en una entrevista a la televisión estatal cubana en 2018, quizá la única en la que reveló algunos detalles de su larga carrera política y de su vida familiar.
En los últimos años, a pesar de ser ya un nonagenario, ejercía como vice primer ministro, desde donde supervisaba asuntos socioeconómicos como los programas de construcción de viviendas, la producción de materiales, la generación eléctrica y las inversiones industriales.
Valdés nació en Artemisa (oeste) el 28 de abril de 1932 en una familia muy humilde con cinco hijos, lo que probablemente forjó su carácter adusto y su alergia al protagonismo.
Era uno de los últimos representantes de la denominada generación histórica, el estrecho círculo que, con Fidel Castro al frente, tomó el poder en 1959 e implantó un sistema socialista de corte soviético en Cuba.
Desde los 20 en actividades políticas, participó en el asalto al cuartel Moncada (1953), en la expedición del yate Granma (1956) y en la invasión guerrillera de oriente a occidente (1958) como segundo de Ernesto ‘Che’ Guevara.
Desde el triunfo de la revolución (1959) ocupó importantes responsabilidades, entre ellas la organización del aparato de seguridad del naciente Gobierno.
Fue uno de los fundadores del Departamento de Seguridad del Estado (DSE) y de la Dirección General de Inteligencia (DGI), dedicados al seguimiento, infiltración y represión de elementos opositores y anticomunistas dentro del país.
Estuvo por dos temporadas al frente de la cartera del Interior.
Primeramente entre 1961 y 1968, cuando impulsó las denominadas Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), los polémicos campos de trabajo agrícolas donde fueron forzados a desempeñarse miles de jóvenes catalogados como «no aptos» para el servicio militar obligatorio por ser homosexuales, religiosos, no estudiar ni trabajar, o ser tachados de “desafectos” al nuevo sistema político.
Valdés ejerció posteriormente como viceministro primero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, como mano derecha de Raúl Castro, para retornar de nuevo al Ministerio del Interior, donde permaneció desde 1979 hasta 1985.
En 1980, ascendió al cuarto lugar en la nomenclatura del Partido Comunista de Cuba (PCC, único legal), donde tuvo a su cargo el área ideológica.
Sus biógrafos lo consideran fidelista, partidario de la “línea dura” y defensor a ultranza del partido único marxista-leninista.
En 1986 y sin una explicación pública, Valdés fue «liberado» de sus cargos relevantes en el PCC y el Gobierno.
Permaneció largo tiempo en la sombra, aunque no totalmente en el ostracismo, al frente de una empresa tecnológica estatal, hasta que en 2001 recibió la Orden de Héroe de la República de Cuba, lo que fue interpretado como su rehabilitación política.
Dos años después regresó al Consejo de Estado y en 2005 fue nombrado ministro de Informática y Comunicaciones.
Su vuelta a los círculos de poder culminó con su acceso a la vicepresidencia del país (2009) y al comité central del PCC (2011), donde permaneció hasta 2019, coincidiendo también con el abandono de los puestos de poder formal del país de Raúl Castro, que fue presidente entre 2006 y 2018.
Su presencia pública fue siempre escasa y contadas sus intervenciones en las tribunas, aunque sus apariciones en los medios estatales fueron más frecuentes en los últimos años, cuando estaba dedicado a supervisar obras con prioridad en sectores económicos.
Fue un gran aficionado al deporte. Durante décadas, y hasta una edad avanzada, corrió a diario y levantó peso. Decía que había que estar “listo” para “lo que pueda venir”.
Desde finales de 2025 permanecía totalmente apartado de la vida pública, entre rumores de enfermedad nunca confirmados.
Fueron llamativas sus ausencias en varios actos clave del Gobierno, el PCC y la Asamblea Nacional del Poder Popular, como el anuncio oficial de contactos con EE.UU. o el recibimiento de los 32 cubanos muertos en la operación militar estadounidense en Venezuela.
