Paco Aguado

Madrid, 14 jun (EFE).- La terna que hoy hizo el paseíllo en Las Ventas, en la tradicional Corrida de Beneficencia, se vio obligada a hacer un notable esfuerzo con los últimos cuatro toros de la tarde, que tuvieron que se lidiados bajo una fortísima tormenta de viento y agua, a pesar de la cual destacó la actuación, mal rematada con la espada, de Víctor Hernández.
La corrida, en la que se jugó un en encierro de muchísima seriedad -por cuajo, volumen y cabezas- de Victoriano del Río, transcurría sin grandes alternaciones hasta que a la salida del tercero la tarde se oscureció por completo y se desató el fortísimo vendaval que traía la tormenta, mal contexto para que Víctor Hernández iniciara su labor.
Aun de agresiva y astifinísima encornadura, ese toro ya mostró de inicio su pronta bravura, incluso ante con las lógicas precauciones que tuvo que mantener la cuadrilla ante el constante descontrol de su capotes, hasta que llevaron al animal al refugio de los terrenos de adentro del tendido seis, donde el matador madrileño iba a hacer todo un despliegue de valor.
Porque, con la muleta siempre a merced del viento, Hernández asentó siempre las zapatillas en la arena para pasarse una y otra vez, en un arriesgado albur, las buenas pero así inciertas embestidas del bravo ejemplar, que quería humillar y emplearse, como se vio en los excelentes naturales que le fue sacando su matador entre el fortísimo ventarrón.
Lamentablemente, tras ese derroche de autenticidad, una estocada de muy tardío efecto enfrió los ánimos tanto que al que fue el gran héroe de la tarde no se le recompensó ni con unas tibias palmas, con la misma falta de criterio del público que se ha visto durante todo San Isidro.
Porque tampoco se valoró demasiado el despliegue de firmeza que también hizo con el sexto, un toro de volumen cárnico que, aunque con voluntad, no remató ni una de sus arrancadas, ya con el ruedo convertido en una pista deslizante. Esta vez, Víctor Hernández, jugando bien con los tiempos y los espacios, logró sacar aun así buenos naturales, casi a pulso, a lo largo de un trasteo con casi todo a la contra.
En cambio, el público de aluvión jaleó mucho más, y con menos justificación, lo que llevaron a cabo los toreros más famosos del cartel, como pasó con Alejandro Talavante, quien, tras dejar pasar displicentemente la nobleza descoordinada del primero, se aplicó con el cuarto cuando sobre el ruedo caía toda una cortina de agua y el ruedo se convertía en una auténtica laguna.
Dentro de su justeza de fuerzas, este otro toro tuvo al menos nobleza para no poner en demasiados aprietos al extremeño en su meritorio trasteo dadas las condiciones climáticas, las mismas en las que se lidió el quinto, aunque con el ruedo drenando perfectamente los cientos de litros de agua que soltaron las nubes.
Después de que su enclasado primero, tras una puntual competencia en quites con Hernández, llegara prácticamente desangrado al último tercio por dos durísimos puyazos, Roca Rey tuvo que justificarse con ese último de su lote, que sacó también buen fondo en una dilatada faena en la que el peruano, aun con momentos destacados, no llegó a concretar antes de fallar con la espada.
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FICHA DEL FESTEJO:
Seis toros de Victoriano del Río, cinqueños y de muy seria presentación, con volumen, cuajo y hondura y muy abundantes y astifinas cabezas. En cuanto a juego, aunque alguno fueron muy castigados en varas, resultaron en general manejables, con más o menos fondo de raza o fuerza, destacando el tercero entre los que se lidiaron antes de la tormenta y,
Alejandro Talavante, de negro y oro: estocada delantera desprendida (silencio); tres pinchazos, estocada baja trasera y tres descabellos (palmas tras aviso).
Roca Rey, de negro y oro: estocada caída delantera (palmas tras aviso); dos pinchazos y estocada baja (ovación tras aviso).
Víctor Hernández, de verde botella y oro: estocada honda tendida y atravesada (silencio tras aviso);
Entre las cuadrillas, buen puyazo de Agustín Collado al tercero y gran par de banderillas de Yelco Álvarez al sexto.
Tradicional Corrida de Beneficencia, con cartel de «no hay billetes» en las taquillas (23.800 espectadores), en tarde en principio de calor bochornoso que derivó en tormenta y con fuerte lluvia durante el cuarto toro, que, aunque amainada, no cesó hasta el final del festejo.
EFE
pa/fp
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