Hugo Barcia
Miami (EE.UU.), 3 jul (EFE).- El milagro de Vozinha tiene sello argentino. El guardameta de Cabo Verde firmó antes del Mundial un acuerdo con Senda Athletics, una marca de calzado con ADN de Argentina, y lucirá sus botas precisamente este viernes cuando se enfrente a la Albiceleste por un cupo en los octavos de final.
Detrás de esta carambola se encuentra el emprendedor argentino Santiago Halty, quien fundó la empresa en 2010 con la idea de fabricar balones de fútbol sala y terminó expandiendo el negocio a las medias antideslizantes y las botas de fútbol.
«Nos metimos en el fútbol sala como un nicho que estaba desatendido y empezamos a hacer balones. Luego empezamos a hacer también zapatillas y medias antideslizantes, y cada vez más jugadores nos comenzaron a decir que tendríamos que hacer botines de fútbol», explicó a EFE Halty en una entrevista telefónica.
Después de varios años de crecimiento en el fútbol sala, donde sus productos ya los visten jugadores de élite, vio en el Mundial la oportunidad adecuada para dar el salto al fútbol, y ahí es donde unió su camino con Josimar Dias ‘Vozinha’.
«Sabiendo que no teníamos el presupuesto de Nike, Adidas ni Puma, empezamos a buscar atletas de selecciones pequeñas, pero que creíamos que eran interesantes, y encontramos en Cabo Verde y en ‘Vozinha’ un candidato ideal», señaló acerca del guardameta al que su padre quiso bautizar Valdano por el exfutbolista que se proclamó campeón del mundo en 1986, pero las autoridades no lo permitieron.
Le contactaron por redes sociales
El primer contacto tuvo lugar el pasado abril a través de redes sociales, y el guardameta no tardó en aceptar. Recibió los primeros pares de botas en Portugal, donde jugó la última temporada para el Chaves de la segunda división, y se los llevó a Cabo Verde antes del Mundial para darles un último toque personal.
«Hizo que un artista de Cabo Verde pintara ambos modelos», dijo Halty, quien compartió varias imágenes de los botines, en los que se observa el escudo de la selección caboverdiana pintado a mano junto al logo de la compañía.
Ese es el calzado con el que se ha erigido en una de las figuras de un Mundial que también cuenta con Lionel Messi, Kylian Mbappé o Vinícius entre sus estrellas.
El milagro de Vozinha comenzó en el debut ante España, a la que dejó a cero, continuó con un nuevo empate contra Uruguay, y siguió con otro reparto de puntos frente a Arabia Saudí, lo que convirtió a Cabo Verde en el país más pequeño de la historia en clasificar a las rondas eliminatorias de un Mundial.
El fenómeno Vozinha ha sido tan grande que el guardameta ha pasado de tener 200.000 seguidores en Instagram antes del Mundial a más de 17 millones a día de hoy.
Un trampolín a Europa y Latinoamérica
Halty admitió que aún está procesando el impacto para la marca que pueden tener las atajadas de Vozinha, pero aclaró que ya están viviendo un «interés exponencial» por sus productos.
«Estamos hablando con distribuidores en Colombia, en Bolivia, en España, en Portugal. Creemos que después del Mundial va a haber una oportunidad muy grande de llevar la marca a Europa y a más países en Latinoamérica», sostuvo.
Establecida en Estados Unidos, donde Halty concluyó sus estudios, la firma ya está presente en mercados tan lejanos como Japón, Corea del Sur o Finlandia, a pesar de contar con tan solo 18 empleados.
De hecho, Vozinha no es el único jugador que viste sus botas y medias antideslizantes durante el Mundial. También lo hacen otros seis jugadores, entre ellos el portero titular de la selección de Canadá, Max Crépeau, y casi todo el cuerpo técnico de Cabo Verde.
«El objetivo es estar entre las diez marcas más grandes de fútbol del mundo de aquí al 2030. Somos una marca de raíces argentinas que celebra la esencia de cómo vivimos el fútbol en Latinoamérica», aseguró, y para ello se han trasladado a Miami, el puente entre Estados Unidos y el resto del continente.
Y, pese al escaparate global que ha supuesto el torneo para Vozinha, Halty expresó que no teme que los gigantes de la industria le arrebaten al guardameta, destacando que fueron los primeros en confiar en él y que «el fútbol de barrio se basa en los códigos y la confianza».
Con una fe ciega en sus botas y en el resto de sus compañeros, el portero que no pudo llamarse Valdano intentará este viernes obrar un nuevo milagro: tumbar al país que, paradójicamente, inspiró las armas con las que busca hacer historia.
