Bilbao, 2 jul (EFE).- «Alonso avanza con el balón, lanza un centro largo hacia Gainza, que prolonga de cabeza para Zarra y ¡goooool de España! Zarra acaba de firmar un tanto maravilloso en una jugada rebosante de profundidad y velocidad».
Así narraba Matías Prats uno de los momentos más icónicos del fútbol español. Aquel 2 de julio de 1950, en el majestuoso Maracaná, Telmo Zarra marcaba el gol que otorgaba a España una histórica victoria frente a Inglaterra en el Mundial de Brasil (1-0).
Fue, en cierto modo, un primer ‘Maracanazo’ del fútbol español, preludio del que dos semanas más tarde protagonizaría Uruguay frente a los anfitriones en ese mismo escenario. Pero esa es otra historia.
Telmo Zarraonandia Montoya (Erandio, Bizkaia 1921-Bilbao, 2006) abrió su etapa con la selección española el 11 de marzo de 1945, en un amistoso frente a Portugal en Lisboa, y la cerró seis años después, el 17 de junio de 1951, en Estocolmo ante Suecia.
Veinte partidos y veinte tantos firmó el ‘caballero del gol’, un futbolista que dejó huella por sus extraordinarias cifras con el Athletic y con España, pero también por ser un ejemplo de deportividad, nobleza y valores dentro y fuera de los terrenos de juego.
Cuando Jacinto Quincoces lo incorporó a la selección, el delantero tenía ya 24 años y comenzaba a forjar su legado en el Athletic Club, junto a nombres que también entrarían en la historia, como Piru Gainza, José Luis Panizo o Rafa Iriondo.
La década de los años cuarenta, marcada por la ausencia de competiciones oficiales de selecciones, apenas ofreció un puñado de amistosos. En ellos, sin embargo, Zarra ya dejaba destellos de su instinto goleador y de un juego aéreo prácticamente inigualable. Sus primeros tantos internacionales llegaron en Riazor y en la fase previa al Mundial de Brasil firmó un memorable triplete frente a Portugal, en una eliminatoria resuelta con un global de 7-3.
En el Mundial, liderando al equipo español junto a Ramallets, Basora o su compañero Gainza, Zarra marcó ante Estados Unidos y Chile en la fase inicial. Pero fue frente a Inglaterra cuando alcanzó la inmortalidad.
No anotó un gol cualquiera: marcó «El Gol». Un tanto que cambió la historia del fútbol español.
Aquella diana supuso una tragedia para los inventores del fútbol, que regresaron a casa humillados; una alegría inmensa para un país que trataba de levantar la cabeza tras la Guerra Civil; y, también, un poderoso instrumento de propaganda para el régimen franquista.
Sin embargo, la segunda fase del torneo no fue tan brillante para España. Por primera vez entre las cuatro mejores selecciones del mundo, empató con la posterior campeona, Uruguay, cayó con estrépito ante Brasil (6-1) y se despidió frente a Suecia en el estadio de Pacaembú, en un partido en el que Zarra anotó su cuarto gol del torneo.
Tras el Mundial, el vizcaíno solo disputó tres encuentros más con la selección española, aunque mantuvo intacto su olfato goleador. Marcó cuatro tantos ante Francia en Chamartín y dos frente a Bélgica en Heysel, antes de cerrar definitivamente su ciclo internacional en el estadio de Rasunda (Suecia).
A partir de entonces, su leyenda siguió creciendo en el Athletic. Con el conjunto bilbaíno conquistó una Liga (1942-43), cinco Copas (1943, 1944, 1945, 1950 y 1955) y una Copa Eva Duarte (1951). Fue seis veces máximo goleador de Primera División y firmó 335 tantos, una cifra que durante décadas pareció inalcanzable.
Sus 251 goles en Liga solo han sido superados por dos gigantes contemporáneos, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Además, los 38 que logró en la temporada 1950-51 se mantuvieron como récord en solitario hasta que Hugo Sánchez los igualó décadas después con el Real Madrid.
Cifras que hablan por sí solas. Cifras de leyenda. Las de un goleador único e irrepetible.
Iñaki Benito
