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El ADN revela que los escitas mantenían el poder político y el estatus en familias

Redacción ciencia, 3 jul (EFE).- Un estudio de ADN antiguo ha descubierto que las élites escitas, en comparación con individuos de menor estatus, mostraban una mayor endogamia y menor diversidad genética, lo que sugiere que mantenían redes dinásticas cerradas y heredaban el poder en linajes familiares.

Para distinguir los perfiles biológicos de las élites frente a las clases no privilegiadas, los investigadores estudiaron el ADN y los vínculos familiares de 85 individuos enterrados en túmulos funerarios en la estepa euroasiática durante la Edad de Hierro.

Los escitas, un pueblo de guerreros nómadas que dominaron las estepas euroasiáticas entre los siglos VII y III a. C., se extendieron desde las montañas de Altai hasta el mar Negro.

Este pueblo, que dominó la guerra a caballo, enterraban a sus élites en grandes montículos funerarios (kurgáns) en los que hombres y mujeres ricamente ataviados yacían con oro, armas y animales sacrificados, mientras que los individuos de menor clase eran enterrados en túmulos mucho más pequeños y sencillos, con pocos o ningún ajuar funerario.

Durante mucho tiempo, estas diferencias se han visto como una prueba de la desigualdad social y del surgimiento de poderosas élites entre la población de la Edad del Hierro pero ¿cómo se mantenía y transmitía el estatus de élite?.

Para averiguarlo, un equipo internacional ha analizado el ADN de 38 individuos de la élite y 47 de clases no privilegiadas, enterrados en 21 yacimientos en Kazakistán y Rusia entre los años 900 y 200 a.C.; entre ellos el famoso «Hombre de Oro», una de las figuras arqueológicas más notables de Eurasia Central, descubierto en los kurganes de Issyk, en Kazajistán.

Los resultados del estudio, liderado por Ayshin Ghalichi, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania), se han publicado este viernes en la revista Science Advances.

El Hombre de Oro y estatus hereditario

Imagen de algunos abalorios encontrados en los túmulos escitas. Crédito: © Zainolla Samashev

El análisis ha permitido confirmar que el «Hombre de Oro», enterrado con un impresionante ajuar que contenía más de 4.000 ornamentos de oro, armas, un tocado bordado en oro, objetos zoomorfos y un cuenco de plata con inscripciones desconocidas, era un varón, algo que no se sabía con exactitud hasta ahora.

El estudio también reveló que su perfil genético pertenece a la cultura saka de la Edad de Hierro.

Además, el análisis de los genomas descubrió evidencias de estrechos vínculos familiares que relacionan a individuos de la élite en múltiples cementerios, en algunos casos separados por más de 100 km, así como indicios de uniones entre parientes, lo que indica que el estatus de élite se mantenía dentro de linajes familiares interconectados, que moldeaban la autoridad política y la organización social en la estepa de Eurasia central.

«No esperábamos encontrar que el estatus social se transmitiera de generación en generación, pero era evidente que los individuos de alto estatus estaban más emparentados entre sí, incluso cuando estaban enterrados en diferentes yacimientos arqueológicos, que con las personas de menor estatus que estaban enterradas en los mismos yacimientos que las élites», afirma Ainash Childebayeva, de la Universidad de Texas en Austin y coautora del estudio.

Los investigadores no encontraron pruebas claras de que el estatus de élite estuviera asociado con patrones de residencia patrilocales o matrilocales, lo que sugiere que la organización social entre las élites escitas era más compleja y no se basaba en la diferenciación de género.

Mujeres en la élite

De hecho, uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue «la notable presencia de mujeres de la élite. Casi la mitad de los individuos de la élite en nuestro conjunto de datos eran mujeres, lo que indica que gozaban de un alto estatus social dentro de la sociedad escita de la Edad del Hierro», afirma Ghalichi.

La presencia de mujeres de la élite en tumbas ricamente amuebladas, junto con la evidencia genómica que vincula a individuos de alto estatus en distintos yacimientos funerarios, revela un mundo social en el que «el estatus, la autoridad y el parentesco estaban estrechamente relacionados».

El estudio concluye que la autoridad política entre los grupos escitas de la Edad del Hierro se organizaba a través de extensas redes familiares de élite, y no mediante simples patrones de residencia basados ​​en linajes masculinos o femeninos.

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