Quito, 25 jun (EFE).- Un siglo después de su nacimiento, Jorge Enrique Adoum regresa en la voz de quienes celebran al poeta que convirtió la palabra en memoria, resistencia y en reflejo de la realidad de un Ecuador marcado por las desigualdades y la esperanza.
Ensayista, novelista y secretario privado de Pablo Neruda durante dos años, Adoum falleció en 2009, a los 83 años, dejando como legado más de treinta obras en poesía, novela, ensayo y teatro.
«Es quizás el poeta ecuatoriano contemporáneo más importante», dijo a EFE el también escritor y periodista Pablo Salgado, miembro del colectivo ‘La minga (trabajo colaborativo en favor de la comunidad, en quichua) de la memoria», que homenajeará a Adoum al cumplirse el centenario de su nacimiento.
Entre sus éxitos más conocidos figura la novela ‘Entre Marx y una mujer desnuda’ (1976), llevada al cine por el realizador ecuatoriano Camilo Luzuriaga.
Adoum -Premio Casa de las Américas (Cuba, 1960) y nominado al premio Cervantes- mantuvo una relación cercana con Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Alejo Carpentier, Alfredo Pareja Diezcanseco, Benjamín Carrión y Demetrio Aguilera Malta, entre otros.
Los primeros años de la poesía de Adoum dejan ver la influencia de Neruda, para tomar luego un estilo propio marcado por la realidad del país pese a que vivió gran parte de su vida en Chile, China y más de veinte años en Europa, particularmente en París.
Era «un universo»

Adoum «era un universo», de una memoria increíble, dulce y tierna, comentó a EFE el cineasta Pocho Álvarez, creador del documental ‘Jorgenrique’, en el que recoge tres meses de diálogos con el poeta, y otros testimonios.
Álvarez, que con Adoum hizo el libro de fotografías y reflexiones ‘Ecuador, imágenes de un pretérito presente’, inició en 2007 el largometraje para dejar «una memoria viva» pues «Ecuador es un país que cultiva el olvido como memoria».
El largometraje de Adoum refleja la decisión del poeta de «hacer de la palabra un instrumento de cambio, de defensa de la vida, de proyección de los sueños», entre ellos, el de un Ecuador con «un futuro de equidad, de justicia, donde el ser humano sea un ‘nosotros'» construido a través de la palabra, dijo Álvarez.
Junto a Guayasamín

Traducida al menos a doce idiomas, la obra de Adoum es testimonio de amores y desamores, y también de señas particulares de un Ecuador que aún arrastra las mismas brechas que él denunció.
En libros como ‘Ecuador amargo’, rechazó las injusticias sociales y económicas, mientras que en ‘Entre Marx y una mujer desnuda’ retrató con crudeza y lucidez la vida política y cultural de su tiempo.
La literatura de Adoum «nunca fue ajena a la realidad que se vivía particularmente en Ecuador» pero la muerte le sorprendió sin ver un país equitativo, «con menos diferencias sociales y económicas, y ese país desigual se mantiene», subrayó Salgado para quien «leer a Adoum es conocer el país».
Mantener viva su memoria es uno de los objetivos del homenaje que le realizarán el día de su natalicio, el 29 de junio, en la Fundación Guayasamin, donde reposan las cenizas de Adoum junto a las del pintor Oswaldo Guayasamin, bajo el ‘Árbol de la vida’, «para así poder seguir conversando por el resto de la eternidad» por decisión de ambos, comentó a EFE Berenice Guayasamín, hija del afamado artista.
Música, un mural, diálogos sobre el intelectual, proyección de poemas leídos por Adoum y de la película de Luzuriaga recordarán durante cuatro días al hombre que convirtió la palabra en raíz, horizonte y memoria colectiva.
Susana Madera
