San Sebastián, 11 jul (EFE).- El entorno era complicado, pero el empeño de su fundador, Toni Porto, hizo posible la creación del CF Tramontana, el primer equipo federado integrado por jóvenes gitanas. Unas ‘pioneras’ para las que jugar al fútbol es mucho más que un deporte, es una manera de ser valoradas y de golear prejuicios.
El CF Tramontana femenino ha participado estos días en la categoría G14 para niñas de entre 12 y 14 años de la Donosti Cup, el torneo internacional de fútbol base más importante de España, que ha reunido en San Sebastián a 910 equipos de 32 países en su 34 edición, que concluye este domingo.
No ha sido fácil salir adelante para un equipo nacido en el barrio de La Mina de Sant Adrià de Besòs, un área que sirvió para realojar núcleos chabolistas del cinturón metropolitano de Barcelona a finales de los años sesenta.
Con tenacidad y mucho trabajo, Toni Porto consiguió en 2000 crear un equipo de fútbol masculino para alejar de la calle a los chavales de La Mina y ofrecerles la posibilidad de hacer deporte.
Un barrio gitano

Pero esto no fue suficiente y hace seis años tuvo la idea de crear además un conjunto femenino, una propuesta que, a priori, parecía tener el viento en contra dentro de la comunidad gitana.
«Nadie me apoyaba al principio. Vivimos en un barrio gitano y si es complicado ser mujer y jugar al fútbol, ser mujer gitana y hacerlo es todavía mas», señala Porto a EFE minutos antes de que las chicas del Tramontana saltaran este jueves al terreno de juego para enfrentarse al Sanse donostiarra.
«No estaba muy bien visto, pero yo soy muy positivo y decidí que tenía que formar el primer equipo de niñas gitanas», asegura mientras algunas de sus jugadoras calientan sobre el césped del campo.
«Hablé con los padres, lo vieron todos muy bien y, hoy por hoy, me apoyan al cien por cien. Así es que seguimos hacia adelante», afirma.
Y ello a pesar de las muchas dificultades, entre ellas la financiación.
«Venimos de un barrio marginado con la tasa de paro muy alta, la gente vive de los mercadillos y estos han bajado mucho en los últimos años», explica Porto.
En todo caso, el alma mater de CF Tramontana remarca que es gitano y no quiere cambiar ni las costumbres ni las leyes del pueblo calé.
Un paso adelante

«Tenemos que dar ese pasito hacia adelante. Estas niñas a partir de los 13 o 14 años se encierran en casa para ayudar a sus madres y esto les da un poco más de libertad, siempre con el respeto y la educación que deben de tener como niñas gitanas», explica.
En los años de recorrido del equipo, Porto asegura que «no ha escuchado crítica ninguna por parte de la comunidad gitana, pero por parte de los payos, muchas».
Y recuerda que han tenido que oír comentarios como «tened cuidado que esta gente -en alusión a las jugadoras- si os descuidáis en los vestuarios os pueden llevar las carteras».
De hecho, llegó un momento en el que las mayores no quisieron salir más en medios de comunicación porque les dolían ese tipo de insinuaciones.
«Yo les decía que no tienen que hacer caso, porque los que dicen esas cosas son cuatro aburridos que solo quieren hacer daño y no dejan que se avance poco a poco», señala.
Pero a pesar de todo, las niñas gitanas de La Mina se han seguido apuntando al Tramontana y asisten disciplinadas a los entrenamientos que no se pierden nunca si no es por un motivo justificado.
«No es solo hacer deporte, es una manera de crear vínculos entre ellas, hablar de sus cosas y sobre todo, sentirse más valoradas», afirma el presidente del club.
Además, una vez que prueban el fútbol no quieren soltarlo y todas sueñan en algún momento con dedicarse al deporte como jugadoras o como entrenadoras.
