Buenos Aires, 17 jul (EFE).- La selección argentina se ha caracterizado durante el Mundial 2026 por ser el equipo de los goles agónicos: en los siete partidos que disputó, anotó en los últimos 15 minutos y casi un 60 % de sus tantos se dieron en esa franja, varios de ellos clave para alcanzar la final de este domingo ante España.
La celebrada victoria por 1-2 ante Inglaterra en semifinales, tras dar vuelta el resultado con goles de Enzo Fernández en el minuto 85 y Lautaro Martínez en el segundo minuto de adición, prolongó una tendencia que acompañó a la Albiceleste desde el comienzo del torneo.
Partido tras partido, Argentina encontró en el tramo final su mejor juego y mejores oportunidades, hasta el punto de que comentaristas y aficionados comenzaron a hablar del «momento Argentina»: ese lapso en el que, cuando el cansancio parece imponerse y el rival intenta conservar el resultado, el equipo de Lionel Scaloni acelera, asume riesgos y encuentra el gol.
Los números reflejan esa tendencia. De los 19 tantos anotados por Argentina en el torneo, 11 llegaron en los últimos 15 minutos, varios de ellos cuando el equipo iba en desventaja o buscaba el triunfo para evitar una prórroga o una definición por penaltis.
Un patrón desde el debut
La tendencia comenzó ya en la fase de grupos y, como tantas veces, tuvo a Lionel Messi como protagonista.
En el debut ante Argelia, el capitán selló el 3-0 definitivo anotando el último de sus tres goles con un fuerte zurdazo desde la puerta del área en el minuto 76.
Días después, frente a Austria, volvió a aparecer en el 95 para sellar el 2-0 final y la clasificación a octavos tras una serie de rebotes, y ante Jordania marcó de tiro libre en el minuto 80 para el 1-3 definitivo.
Las eliminatorias elevaron tanto la exigencia como la capacidad de reacción argentina.
En dieciseisavos de final, Cabo Verde llevó el partido hasta la prórroga después de empatar 1-1 en el tiempo reglamentario. Lisandro Martínez adelantó a Argentina apenas dos minutos después de iniciado el tiempo suplementario, pero Sidny Lopes Cabral volvió a igualar el marcador con un potente disparo.
Cuando la definición por penaltis comenzaba a asomar, un tiro de esquina de Messi encontró en el área a Cristian Romero, cuyo cabezazo se desvió en el zaguero Diney Borges y terminó en el fondo de la red para el 3-2 final.
En octavos de final, ante Egipto, Argentina comenzó perdiendo por primera vez en el torneo, y logró una de las remontadas más memorables de la historia mundialista: Romero anotó de cabeza en el minuto 79, luego Messi empató en el minuto 84 y finalmente Enzo Fernández selló el 3-2 y el pase a cuartos con un preciso cabezazo en el 90+2 que desató un festejo agónico.
«Volvimos a sufrir muchísimo, pero bueno, esto es el Mundial y todos los partidos se están dando muy igualados», declaró Messi después de aquel triunfo.
En cuartos de final el desahogo llego de los pies de Julián Álvarez: un preciso remate a distancia de ‘la Araña’ logró doblegar una férrea y ordenada defensa suiza a ocho minutos del final del segundo tiempo suplementario de un partido que iba 1-1 y parecía encaminado a los penaltis.
Nueve minutos después Lautaro Martínez capturó un rebote en un contraataque y estampó el 3-1 final.
«Este equipo cuando mejor juega es cuando está en dificultad. Cuando estamos en dificultad y el rival duda un poquito, ahí vemos sangre y vamos hasta donde sea”, dijo Scaloni en conferencia de prensa tras la victoria de este miércoles ante Inglaterra y la clasificación a la final.
Paciencia, confianza y desahogo
Los propios futbolistas también atribuyen esa capacidad a la paciencia y la confianza para continuar buscando el gol incluso en los escenarios más adversos.
Consultado por la remontada en semifinales, Messi destacó «la fortaleza y la mentalidad» del equipo, consideró que Argentina «tiene paciencia y sabe leer los momentos del partido» y agregó: «Teníamos el control del juego, teníamos la pelota. Y cuando nos hicieron el gol, jugamos mejor aún».
La costumbre de resolver los partidos sobre el final también ha marcado la manera en que los aficionados argentinos viven el Mundial, tanto quienes han acompañado al equipo en sus distintos partidos en suelo estadounidense como los millones que siguen cada encuentro a la distancia desde el país suramericano.
En hogares, bares, plazas y espacios públicos de Argentina los partidos se transformaron en una montaña rusa emocional: largos minutos de tensión, silencios ante las ocasiones desperdiciadas, nervios cuando el tiempo comienza a agotarse y explosiones de desahogo, lágrimas y abrazos entre desconocidos cuando finalmente llega el gol.
Por Sebastián Rodríguez Mora
