Nueva York, 6 jun (EFE).- La batalla entre las grandes empresas de inteligencia artificial (IA) entra en una nueva fase: además de competir por modelos, clientes y talento, firmas como Anthropic, OpenAI o incluso SpaceX se preparan para disputarse el favor de Wall Street con salidas a bolsa que, según expertos, podrían redefinir tanto el sector tecnológico como los mercados financieros.
El salto a los parqués de algunos de los mayores grupos privados vinculados a la IA coincide con el fuerte apetito inversor por el sector, impulsado por el auge de gigantes tecnológicos como Nvidia, Microsoft, Alphabet o Amazon.
El analista tecnológico Dan Ives, de Wedbush Securities, considera que la llegada de estas empresas en los próximos meses dará un nuevo impulso a Wall Street, que recientemente ha seguido al alza y marcando récords pese a la incertidumbre por la guerra en Irán.
«La IA será el principal motor de crecimiento de los mercados tecnológicos en los próximos años», destaca en un informe.
Los inversores tienen la vista puesta en Anthropic, desarrolladora del asistente Claude, cuya valoración se disparó hasta unos 965.000 millones de dólares tras una última ronda de financiación anunciada la semana pasada.
Esa operación colocaba a la compañía por encima de OpenAI, creadora de ChatGPT, en términos de valoración privada, según la cadena CNBC, que apunta a que la empresa dirigida por Sam Altman se sitúa en unos 852.000 millones.
Las valoraciones atribuidas ahora a Anthropic, OpenAI y SpaceX superan conjuntamente los 3 billones de dólares, una cifra que las situaría entre las mayores del mundo por capitalización bursátil.
Sin embargo, persisten las dudas sobre su valor real en un contexto marcado por las fuertes inversiones que hacen falta para el desarrollo de modelos avanzados de IA, desde centros de datos y chips especializados hasta infraestructura energética y personal cualificado.
Se trata de una carrera de gasto que ha empujado a estas empresas a buscar nuevas vías de financiación: «Estamos ante compañías que necesitan un volumen de capital sin precedentes para sostener su crecimiento, lo que hacía inevitable que en algún momento mirasen hacia los mercados», apunta Ives.
Riesgo de correcciones
Con todo, la entrada de inversores podría reabrir el debate sobre si hay un entusiasmo excesivo en torno a la IA.
«Las valoraciones reflejan expectativas de crecimiento muy elevadas, lo que aumenta el riesgo de correcciones si no se materializan los beneficios», comenta la analista Sonali Basak, de iCapital.
Además, al salir a bolsa, estas empresas estarán obligadas a publicar resultados trimestrales, elaborar previsiones de crecimiento y objetivos de rentabilidad, con lo que «quedarían sometidas a una mayor presión por parte de los accionistas para cumplir expectativas», señala Basak.
Y en el caso de la IA, el control regulatorio está llamado a desempeñar un papel en Estados Unidos, donde ya se aprobó en 2023 una orden ejecutiva para reforzar la supervisión en materia de transparencia.
A ello se suman posibles nuevas medidas por parte de la Administración del presidente Donald Trump, entre ellas un sistema de revisión previa y voluntaria de los modelos avanzados de IA hasta 30 días antes de su lanzamiento, en un contexto de creciente conexión entre esa tecnología y la seguridad nacional.
SpaceX, ¿la mayor salida a bolsa de la historia?
En paralelo, el mercado sigue pendiente de SpaceX, cuya salida a bolsa podría producirse el 12 de junio, aunque la compañía no ha confirmado la fecha.
La empresa de Elon Musk, valorada en torno a 800.000 millones de dólares en rondas privadas, podría alcanzar en su debut bursátil una valoración de hasta 1,77 billones de dólares, según el precio de 135 dólares por acción previsto en un documento presentado esta semana ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC).
La compañía aeroespacial, vinculada al desarrollo de IA a través de proyectos como xAI, planea recaudar alrededor de 75.000 millones mediante la venta de menos del 5 % de su capital, lo que la situaría por encima de la salida a bolsa de la petrolera estatal Saudi Aramco en 2019.
Por su parte, Morningstar, una de las principales firmas de análisis independiente de inversiones, situó su valor razonable en torno a los 780.000 millones de dólares, por debajo de esa estimación.
«El entusiasmo en torno a la salida a bolsa de SpaceX puede generar un fuerte impulso inicial, pero plantea dudas sobre su valoración», señala el analista Nicolas Owens de esa firma.
De momento, el primer revés se lo ha proporcionado este viernes el S&P Dow Jones Indices (S&P DJI) que -tras consulta entre inversores y agentes del mercado- ha decidido mantener sin cambios los requisitos de acceso al S&P 500, considerado el principal índice bursátil del mundo, y no facilitar así una rápida incorporación de SpaceX.
También se ha negado a eliminar los requisitos de rentabilidad que exige a las empresas y no accede a flexibilizar las exigencias de capital flotante para las denominadas «megacaps», a las que también se seguirá exigiendo que registren beneficios bajo los principios contables estadounidenses (GAAP) tanto en el último trimestre como en el conjunto de los cuatro trimestres más recientes.
Según la documentación presentada para su salida a bolsa, la firma de Musk perdió 4.940 millones de dólares en 2025, pese a que sus ingresos crecieron un 33 %, hasta 18.670 millones.
Jesús Centeno
