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«Alto en azúcar»: diez años de la pionera ley de etiquetado que Chile exportó al mundo

Santiago de Chile, 28 jun (EFE).- Chile fue el primer país del mundo en implementar en 2016 un sistema obligatorio de sellos frontales en alimentos y bebidas para advertir sobre componentes nutricionales, una normativa que ha sido replicada en distintos países del mundo y continúa siendo objeto de estudio y reconocimiento internacional.

Diez años después de su entrada en vigor, la pionera Ley 20.606 -bautizada como Ley de Etiquetado de Alimentos- ha conseguido cambiar los hábitos de consumo de los chilenos, pero siguen existiendo retos importantes en combate a la obesidad, según expertos.

Al pasear por los pasillos de cualquier supermercado o tienda de alimentos, los chilenos llevan una década encontrándose con tres etiquetas negras octogonales que al inicio causaron extrañeza y que ya forman parte de su día: “Alto en grasas saturadas”, “Alto en sodio” o “Alto en azúcar”.

“Ahora la población identifica más claramente qué es saludable y qué no, los consumidores van al supermercado y tienen más herramientas para elegir lo que deben comer”, dijo a EFE la académica del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, Camila Corvalán.

El sistema ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el más eficaz a escala global y replicado en países como México, Argentina, Colombia o Brasil.

Apoyo social y cambios de consumo

Fotografía del 22 de junio de 2026 que muestra etiquetas de productos chilenos en Santiago (Chile). Chile fue el primer país del mundo en implementar en 2016 un sistema obligatorio de sellos frontales en alimentos y bebidas para advertir sobre componentes nutricionales, una normativa que ha sido replicada en distintos países del mundo y continúa siendo objeto de estudio y reconocimiento internacional. EFE/ Javier Torres

La ley transformó la forma de comunicar información nutricional y abrió una nueva discusión sobre el rol de las políticas públicas en la promoción de hábitos de vida saludables.

“En estos diez años, hemos visto una transformación de la conducta de los consumidores, lo que muestra que valoran esta regulación y se refleja en que han disminuido la compra y el consumo de productos que llevan sellos de advertencia”, explicó Corvalán.

Los datos avalan su respuesta: el 72% de los chilenos respaldan la ley, según Activa Research, mientras que la compra per cápita de alimentos rotulados se redujo de manera generalizada en el periodo 2016-2022, de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La adquisición de productos altos en calorías bajaron un 23,8 %, en sodio un 36,7 %, en azúcares un 26,7 % y en grasas saturadas un 15,7 %, según el organismo.

En una pequeña tienda en Santiago, el tendero Juan Carlos Martínez reconoció a EFE que ha tenido que buscar un equilibrio en su oferta de productos, ya que si un producto tiene muchos sellos, «la gente no lo compra o se lleva otro».

“Si tiene más sellos se sabe que son procesados, pero ya es responsabilidad de cada persona (…) Los niños obviamente no tienen esa conciencia, somos los adultos los que tenemos que ayudarlos”, agregó Leslie, una de sus clientas.

Bajan el sobrepeso y la obesidad

Fotografía del 22 de junio de 2026 que muestra productos chilenos en Santiago (Chile). Chile fue el primer país del mundo en implementar en 2016 un sistema obligatorio de sellos frontales en alimentos y bebidas para advertir sobre componentes nutricionales, una normativa que ha sido replicada en distintos países del mundo y continúa siendo objeto de estudio y reconocimiento internacional. EFE/ Javier Torres

La ley ha tenido un impacto directo en las cifras de sobrepeso y obesidad de Chile, uno de los países con mayores tasas de Latinoamérica, solo por detrás de México y Bahamas.

Con una prevalencia de sobrepeso del 63 % en 2025, según la FAO, el panorama sigue siendo retador pero no tanto como hace una década, cuando esta condición afectaba al 74,2 % de los chilenos.

El impacto ha sido especialmente notable en la infancia, ya que la ley incluye también restricciones a la publicidad dirigida a menores y la prohibición de venta de productos con sellos en establecimientos educacionales.

Un estudio reciente de la Universidad Adolfo Ibáñez y el INTA, publicado en The Lancet y en el que participó Corvalán, concluyó que la probabilidad de sobrepeso se redujo un 2,85 % en niñas y un 2,40 % en niños, tras comparar datos de los que no estuvieron expuestos a la ley con los que empezaron la escolaridad después de su entrada en vigencia.

La obesidad infantil, afirmó a EFE la oficial principal de políticas de seguridad alimentaria y nutrición de la FAO para América Latina, Daniela Godoy, «se asocia con una mayor probabilidad de padecer las mismas condiciones en la edad adulta, lo que incrementa el riesgo de enfermedades como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares”.

Según el Ministerio de Salud, el 46 % de los niños chilenos de entre 10 y 14 años presentan sobrepeso u obesidad.

Faltan más verduras y cereales

Pese a su oposición inicial, la industria de alimentos terminó adaptándose y modificó algunos productos, creó otros nuevos y ajustó estrategias de mercadeo.

“La ley, de alguna forma, obligó a la industria a reformularse: los alimentos que tenemos actualmente en nuestro país tienen menor cantidad de azúcares, sodio, y grasas saturadas”, indicó a EFE Samuel Durán, de la Sociedad Chilena de Nutrición.

Los expertos alertan, sin embargo, que hacen falta más esfuerzos para fomentar una dieta más saludable porque «el hecho que la gente elija productos sin sellos de advertencia, no significa que estén consumiendo más fruta, verdura o cereales integrales”, apuntó Durán.

Desde la FAO, también se sumaron a las advertencias recomendaron implementar medidas que complementen la ley, como “programas de alimentación escolar con compras públicas de alimentos locales y saludables, incorporación de guías alimentarias o subsidios para la adquisición de frutas y verduras para poblaciones vulnerables”, enumeró Godoy.

«Vamos bien encaminados, pero es solo el comienzo», coincidió Corvalán.

Juan José Díez Góez

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