Siracusa (Italia), 13 jun (EFE).- La sangrienta derrota de los persas que inspiró a Esquilo hace miles de años ha sido convertida este sábado en un «thriller político» en el teatro griego de Siracusa (sur) por el director Àlex Ollé, quien ha evocado las inquietantes dinámicas del poder de los «emperadores» de nuestros días.
«Es una pieza vigente aunque tenga 2.500 años. Lamentablemente sigue siendo de máxima actualidad porque de lo que habla no ha cambiado nada: la idea del poder, de cómo perpetuarse en él, la codicia, el destino o la vulnerabilidad del ser humano», explica a EFE el director al aprovechar una pausa de las últimas pruebas.
«Los Persas» es la tragedia griega más antigua que ha llegado completa hasta nuestros días pero además es un raro ejemplo de obra que no surge de un mito, sino de un hecho histórico y político: la batalla de Salamina del año 480 a.C.
En la contienda en mención, la liga de polis griegas, en la que combatió el propio Esquilo, logró frenar la invasión de Europa por parte la flota del rey Jerjes I de Persia (el villano de la película ‘300’ y de los cómics de Frank Miller).
Esta antiquísima obra teatral muestra, casi regodeándose, la desesperación que reina en la corte persa a la espera de noticias de su soberano y del campo de batalla. Pronto conocerán la amarga realidad: la aniquilación completa de su flota en un islote.
La obra real es muy estática pero Ollé, uno de los seis integrantes de la «Fura del Baus», ha aceptado el reto y la ha adaptado a una suerte de «thriller político» que atrapó con su suspense a las más de 5.000 personas que abarrotaron el teatro y que le brindaron un sonoro y largo aplauso al final de la obra.
Los «imperios» de hoy

El drama de los persas, según Ollé, acaba sobre la mesa alargada de un «gabinete de crisis» o un consejo de ministros actual, con alfombra roja, militares, ministros y soberanos, como los que pueden imaginarse en cualquier «imperio actual, desde la Casa Blanca al Kremlin».
«¿Quién representaría hoy a los ‘Persas’? Pues Trump, Putin… los imperialistas… Son los Jerjes de hoy. Y, al igual que en la obra, la víctima es el pueblo», sostiene el director.
No en vano la larga mesa sobre el escenario de Siracusa tiene casi todas sus sillas vacías, para denunciar la ausencia de los muertos en una guerra que, en realidad, nunca ha dejado de asolar el mundo.
Por otro lado, la representación de estos Persas de Esquilo se produce en medio de la guerra en el país heredero de aquella civilización, Irán, aunque el director no ha querido hacer paralelismos con la crisis de la República Islámica.
«Hemos intentado desvincularlo de cualquier guerra en cualquier sitio. La idea es que evocara un conflicto en cualquier lugar», afirma.
Para acentuar el dramatismo de la historia, Ollé ha incluido los testimonios reales de una viuda de guerra, de una madre que ha perdido al hijo y el de un soldado con estrés postraumático.
En el fondo de la escena, una pantalla muestra en primer plano las expresiones de los actores, lo que le da un aire cinematográfico a la producción.
El director catalán ha completado así una temporada teatral en Siracusa en la que también han podido verse la ‘Antígona’ de Sófocles, ‘Alcestis’ de Eurípides y, por último, la ‘Ilíada’ de Homero.
Siracusa, tradición viva del teatro clásico

Esta ciudad siciliana fundada por colonos corintios hace tres milenios sigue honrando su tradición en este imponente teatro griego enclavado en el área arqueológica de Neápolis, patrimonio de la Humanidad y joya del área mediterránea.
Excavado en la roca y rodeado de una frondosa naturaleza, en las noches de verano -cuando el calor da una tregua- el edificio se abarrota de gente que acude, como hace siglos y siglos, a disfrutar y reflexionar con las historias inmemoriales salidas de la mente de los grandes autores de la Antigüedad: Eurípides, Homero, Sófocles…
Temas que siguen inquietando el alma del hombre contemporáneo y que, desde tiempos remotos, son vehiculados a través del teatro.
«El teatro siempre ha sido un espacio crítico y de reflexión. Incluso ya en aquella época se hablaba del poder y de estas cosas», zanja el director, a punto de ver su obra en acción en este teatro, sobre el mismo escenario en el que -según la tradición- trabajó el propio Esquilo.
Gonzalo Sánchez
