Samantha Lugo | [email protected]
Fotografías cortesía: Mariachi Sangre de Mi Tierra
En la capital de Texas, donde convergen culturas y sueños migrantes, el Mariachi Sangre de Mi Tierra ha construido una identidad que mezcla tradición, familia y evolución musical, una historia que inicio mucho antes de su formación oficial y que se ha forjado a través de los años entre violines, trompetas y guitarras.
El grupo nació hace nueve años en Austin, casi por accidente. “Lo formamos entre mis hermanos y yo, fue algo pues algo espontáneo, no fue tan planeado como querer formar un grupo”, recuerda Edgar López, representante, violinista y vocalista del grupo.
La vida los trajo de San Luis Potosí a Estados Unidos, y tras quedarse sin agrupación musical, decidieron crear la suya. Lo que empezó como una solución temporal, se convirtió en una propuesta sólida que hoy reúne a ocho integrantes.
La esencia familiar es evidente en cada acorde. Además de Edgar, el grupo está conformado por sus hermanos Oswaldo López (vocalista, violinista) y Uriel López (vocalista, guitarrista); además de Axel López (violinista), Lander López (guitarrista) y Andy López (guitarronista). A ellos se suman Adrián Arreola (vocalista y vihuelista) y Darian Ponce (trompetista), quienes completan una alineación que combina sangre, talento y amistad.
LEGADO
La música, sin embargo, no comenzó con ellos. Viene de generaciones atrás. “toda mi familia materna, desde mis tatarabuelos, vienen siendo músicos mariachis”, explica Edgar. Para ellos, ser mariachi no es solo un oficio, es herencia.
Esa tradición se transformó en Austin, donde decidieron romper esquemas. A diferencia del mariachi tradicional, solemne y estático, Sangre de Mi Tierra apuesta por la interacción. “Tratamos de que toda la gente que nos está escuchando, se divierta y no sea nada más como que está escuchando música de fondo”, señala. Su propuesta incluye baile, micrófonos y participación del público, convirtiendo cada presentación en una fiesta viva.
SACRIFICIOS
Su primera presentación llegó en una fecha simbólica: el Día de la Madre de hace nueve años. Con incertidumbre sobre la aceptación del público, se lanzaron al escenario. “Pensábamos que a lo mejor iba a ser un poco extraño y no lo iban a aceptar. Pero gracias a Dios sí, sí lo aceptaron”. Ese momento marcó el inicio de una trayectoria que los ha llevado desde eventos familiares hasta escenarios como el Rodeo de Austin.
Pero detrás del espectáculo hay sacrificio. Como muchos inmigrantes, combinan la música con otros trabajos. Además, el tiempo, la familia y la distancia son retos constantes. “Yo creo que lo más difícil siempre va a ser ver a tu familia lejos”, dice.
Aun así, su vocación por la música lo sostiene todo. “lo hacemos más que nada por amor a la música.” Y ese amor se traduce en la capacidad de conectar con emociones de su público.
Han tocado en cumpleaños, bodas, funerales y hasta divorcios. También han sido testigos de reencuentros familiares cargados de emoción, donde la música se convierte en puente entre años de distancia.
Para ellos, ser mariachi es más que tocar. Es acompañar, sanar y celebrar. Es identidad, pero también evolución. Como dice Edgar, “es disfrutar la vida”.
Para contactarlos:
IG: @sangre_demitierra
Teléfono: 830-660-7546
