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Fotografías crédito: @linaocampophotographer
El momento más duro en la vida de Ed no ocurrió en un trabajo ni en una crisis económica. Ocurrió en un aeropuerto, cuando se despidió de su hija Rebeca antes de abordar un avión que la llevaría a una nueva vida en Estados Unidos.
“Yo decía, Dios mío, estoy dejando a mi hija”, recuerda.

Se fue de Venezuela con su hija en 2013, debido a una oportunidad laboral que la llevó a emigrar a Colombia y luego a Perú. Años después, Rebeca decidió seguir su camino hacia España para estudiar en la universidad, mientras Ed emprendía un nuevo rumbo en Estados Unidos para ayudarla financieramente a cumplir sus sueños. Pero la vida, como tantas veces en su historia, no fue fácil.
“Me monté en ese taxi y decía: Dios, ¿qué estoy haciendo?”. Aun así, detrás de cada paso había una razón más fuerte que el miedo: “mi hija es mi fuerza, es mi motor, es mi todo y no me podía detener”.
INICIO DIFÍCIL
Hace cinco años, Ed comenzó desde cero. Atrás quedaron los cargos ejecutivos, las reuniones con grandes empresas y una carrera consolidada en el mundo editorial y cinematográfico. En Jacksonville, la realidad fue otra.
“De 9 a 3 y media la tarde trabajaba online y de 5 a 11 me iba a ser mesera, a lavar baños, para poder ayudar a mis papás y a mi hija”, dice.
Mientras otros descansaban, ella trabajaba el doble. Mientras otros se rendían, ella repetía en silencio: “Diosito, esto es temporal”. No era la vida que había imaginado, pero sí la que estaba dispuesta a vivir por amor.

Ser madre soltera ha marcado cada decisión de su vida. Separarse de su hija no solo fue un sacrificio emocional, fue una apuesta por su futuro. Pasó un año y tres meses sin verla, sostenida únicamente por llamadas, recuerdos y fe. “Fue el año más difícil”. Pero nunca se detuvo.
NACE ED “LA CHAMA”
La oportunidad llegó en una industria que no conocía: la venta de carros. Sin experiencia, pero con determinación, tomó el reto. “Dejé los dos trabajos y me arriesgué”.
Así nació “Ed La Chama”, término coloquial que usan los venezolanos para referirse a las chicas. El inicio fue incierto: vendió siete carros el primer mes. No era suficiente, pero siguió.
Con disciplina, constancia y una conexión genuina con la gente, sus números comenzaron a crecer. En 2024 alcanzó lo impensable:
“vendí 400 carros, llegué a 43 carros en un mes”.
SERVICIO HUMANO
Hoy Ed “La Chama”, se ha convertido en una marca personal, que además de vender carros, también ofrece ayuda a otros inmigrantes a través de su página web: www.edlachama.com.
Para ella, el éxito no se mide en cifras, sino en vidas a quienes puede servir.

PRESENTE Y FUTURO
En Estados Unidos, Ed volvió a creer en el amor. Allí conoció a quien hoy es su esposo, su compañero de vida y un apoyo fundamental en su camino. Juntos dieron un paso más allá y crearon su propia compañía de soldadura, “Kasedy Metal Works”. A su lado, Ed se imagina envejeciendo en paz, disfrutando los frutos de todo lo que han construido y, quizás, compartiendo la alegría de una o varias nietas.
Mientras tanto, su propósito sigue firme: ayudar a otros a avanzar. Porque ella entiende sus luchas, sus sacrificios y sus sueños.
Su secreto para seguir adelante cada día es claro: confiar en Dios. “Porque sin Él, nada es posible”.
Pueden encontrarla en: www.edlachama.com
Instagram: @edlachama
Facebook: Edlachama
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