Yola Mamani, la “Chola Bocona”: “Ser chola es rebeldía”

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YOLA MAMANI

Roma, 31 may (EFE).- La sociedad intenta “domesticar, idiotizar y cosificar” a las cholas, las mujeres aimaras del altiplano de La Paz, afirma la activista Yola Mamani, pero para ella “ser chola es rebeldía”, es ser “bocona” y no callarse frente a quienes se molestan en la ciudad por su llegada desde el campo.

“Les incomodan nuestros rasgos, les incomoda nuestra manera de ser, nuestra manera de reírnos y nuestra manera de hablar”, denuncia Mamani en una entrevista con Efe en Roma con motivo de su participación en el programa “Reactivando Videografías” de la Real Academia de España en la capital italiana gracias al canal de YouTube en el que se hace llamar “Chola Bocona” por su carácter “contestatario”.

Ella experimentó muy pequeña, con solo 9 años, la emigración desde la provincia de Omayusos, en el altiplano de La Paz, hacia la capital, donde comenzó a trabajar en servicios domésticos y vivió las injusticias que sufren las trabajadoras del hogar, colectivo con el que se siente “eternamente comprometida”.

Unas injusticias acrecentadas por la “discriminación” de una “sociedad que no acepta que una chola, que una india esté en la ciudad”.

“Mientras estemos en nuestro sitio, en nuestro lugar pastoreando, haciendo el trabajo de la chacra, sin poder hablar, sin tener acceso a los medios de comunicación… Mientras eso pase, para una sociedad racista y clasista es mejor”, sostiene.

Pero Mamani (Santa María Grande, Bolivia, 1984) encarna, “con orgullo y a mucha honra”, los valores que para ella son intrínsecos a las mujeres del altiplano: “Ser chola no es solo para un ratito, sino que es justamente incomodar, es la rebeldía, es ser bocona, no es ser sumisa, no es prestarte un rato para la fotografía de la portada de alguien. Eso no es para mí”.

Por eso, en vista de que a la gente “le molestaban” su ropa, sus rasgos o su manera de ser, decidió “ser chola” y reivindicarse como “parte de la ciudad”, aunque mucha gente dijera que la emigración “del campo a las ciudades no representaba un desarrollo, sino más bien un retroceso”, dice, vestida con una larga pollera oscura de flores, una rebeca amarilla y un bombín, pese al calor romano.

Cuando era una niña, los empleadores de Yola Mamani no la llamaban nunca por su nombre, sino que se referían a ella como “imilla (niña en aimara) bocona”.

Aunque reconoce que en su momento le afectó, hace años decidió “darle la vuelta” a esta expresión despectiva y buscarle otro sentido: “Soy ‘imilla’ bocona con mucho orgullo porque, de no haberlo sido, yo no estaría aquí para contar esta historia”.

La reivindicación de sus raíces no es óbice para que Mamani quiera conocer todas las demás y, así, “entender que no solo la tuya cultura o lo que tú vives es la única forma de vida, sino que hay otras más”, dice, utilizando esa manera de hablar que tanto “incomoda”.

“Intentas acercarte y entrar a ciertos espacios, pero las personas tienen mucho complejo a la hora de relacionarse contigo. Yo sé que tal vez no hayan tenido contacto con gente indígena como yo, pero creo que tenemos que relacionarnos de manera más abierta, y sin complejos y sin ataduras”, argumenta a Efe.

La “Chola Bocona” -en Roma gracias a su canal de YouTube en el que denuncia las injusticias que sufren las mujeres del altiplano- ha tenido que escuchar, solo por su aspecto: “¡Ah! Pero vos seguro que no sabes manejar la cámara”.

Estudiante de tercer curso de Sociología en la universidad de La Paz, Mamani se siente trabajadora del hogar antes que cualquier otra de sus facetas: fue el espacio que le enseñó a “alzar la voz” y en el que conoció la “explotación laboral”, pero también el que le ha “ayudado a reflexionar mucho”.

“Yo me siento eternamente comprometida con las trabajadoras del hogar. Me gustaría escribir sobre ellas desde el lugar que me ha tocado vivir a mí, y sobre muchas otras compañeras que tal vez no han tenido la oportunidad ni siquiera de entrar a las escuelas”, lamenta.

Hasta que llegue ese día, Mamani sigue contribuyendo al justo reconocimiento del trabajo doméstico y, entre otras acciones, durante siete años estuvo al mando del espacio radiofónico “Soy trabajadora del hogar con orgullo y dignidad” en Radio Deseo, del colectivo feminista boliviano Mujeres Creando.

“El nombre nos lo pusimos para levantar el ánimo a las trabajadoras del hogar, para que se reconocieran, se organizaran y reclamaran sus derechos laborales, porque el trabajo que hacíamos nosotras era tan digno como cualquier otro”, sentencia. Mercedes Ortuño Lizarán

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