•Un grupo de venezolanos que viven en el Triad se reunieron a pesar del intenso frío, para exigir a todo grito una  “¡Venezuela libre!”.

Por Williams Viera | [email protected]

Winston-Salem, NC.- Fe, esperanza y un mejor espíritu se reflejó, el pasado sábado, 2 de febrero, en el conglomerado de venezolanos que vive en ‘la ciudad del Arte y la Innovación’ ,al igual que en otros lugares de Carolina del Norte en el llamado ‘Día de la Libertad’.

Durante dos horas, al menos, en las afueras de la Iglesia de Cristo, en el 2010 Brewer Road, en Winston-Salem, y con un frío que helaba los huesos, la diáspora venezolana respondió a la convocatoria de reunirse, junto al pastor Gustavo Prato, para exigir que el régimen de Nicolás Maduro se vaya sin derramar más sangre y que el Gobierno interino, encabezado por Juan Guaidó, pueda ejercer su poder después invocar el artículo 233 de la Constitución venezolana con el objetivo de convocar a elecciones libres.

“El estado de ánimo del venezolano tiene origen político debido a la situación de nuestro país que está aniquilando la capacidad de respuesta de las personas”, dijo Sonia Ortega, una de las asistentes que gritaba, hasta llorar, “¡libertad!”.

Las palabras de Ortega hacían referencia directa a lo expresado por muchos de sus compatriotas recién llegados al Triad, como la familia Ocanto, que lleva dos semanas en la zona y cuentan el terror con el que vivían en su tierra.

Un motivo

El encuentro, ahí, en Brewer Road, sirvió para que muchos dieran a conocer sus historias de cuando tenían un alto índice de bienestar que los hacía estar felices, pero eso les cambió.

“Hemos estado en el desaliento durante mucho tiempo y ahora, con lo que pueda suceder con Guaidó hay una esperanza para quienes se quedaron”, dijo María Romero, conocida entre la comunidad como ‘Lala’.

Muchas mujeres se hicieron presentes. Una de ellas, madre soltera y médica de profesión, tramita su asilo político, pero prefirió el anonimato. Ella contó que estuvo lavando platos en un restaurante en Miami luego de abandonar Maracaibo junto a su hija después de ser perseguida por el régimen de Maduro. “Mi pecado fue participar en una marcha de protesta de los médicos cuando teníamos que pedirles a los pacientes que llevaran sus propias gasas, fármacos y otros insumos por la escasez en los centros de salud”, dijo la médica.

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