•Gael García es uno de los 4.236 que tienen DACA en el Triad. Este soñador tiene dos trabajos, paga sus impuestos, ayuda a sus padres y hermanos y sigue las reglas del buen ciudadano. “Nos dieron una esperanza y luego, los políticos juegan con nosotros”, dijo el joven mexicano.

Por Williams Viera | [email protected]

Winston-Salem.- Uno de los retos de la comunidad hispana para 2018, año que apenas despega, es lidiar con el tema de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) programa que protege de la deportación a los conocidos como ‘DREAMers’.

Sin embargo, desde septiembre de 2017, luego que la administración de Donald Trump suspendió la Acción Ejecutiva del entonces presidente Barack Obama, Gael García, joven mexicano, de 21 años de edad, sintió que la vida le volvía a cambiar al igual que a muchos de sus amigos.

“En los últimos cinco años, jóvenes como mi persona, pudimos estudiar, trabajar legalmente y conseguir un permiso de viaje para ir a ver a nuestras familias y de un momento a otro, caímos en un hueco en el que parece que no vamos a salir”, dijo García, quien comparte el mismo nombre con el famoso actor mexicano.

Sin embargo, este Gael García trabaja en Winston-Salem, vendiendo repuestos de vehículos en O’Reilly y en una fábrica de baterías, en un tercer turno, para ayudar a sus padres y tres hermanos, uno de ellos ciudadano estadounidense.

“Soy de Tijuana, México, y llegué a los tres años de edad”, dijo García a este semanario, recibiendo educación en las escuelas públicas del Estado.

Las cifras

El caso de García es similar al de más de 800.000 mil jóvenes que aprovecharon DACA.

“Es complicado vivir así, nos quitaron una esperanza. Los políticos juegan con el futuro no sólo de los jóvenes sino de Estados Unidos y se olvidan que en esta tierra nos dieron educación”, dijo García.

En una burbuja

“Está demostrado que los políticos viven en una burbuja y lejos de la realidad que los rodea. Se lavan las manos. Si alguien les dice ‘negro’, siguen esa línea aunque lo correcto sea ‘blanco’. Así determinan el futuro de las personas sin que les importe nada. Esa es la realidad que vivimos los ‘soñadores’ que solo les valemos un pedazo de ladrillo si se ordena la construcción de un muro, pero  olvidan lo más importante: que somos seres humanos”, dijo García quien tiene otro hermano amparado por DACA.

Este Gael García, antes de DACA trabajaba en la ‘pulga’, vendía cualquier cosa y en la época de la cosecha, recogía las hojas de tabaco en las granjas en donde le pagaban en efectivo.

“DACA fue la esperanza y me cambió la vida. Pude trabajar en una empresa, pagar impuestos y recibir beneficios. Y ahora, si se acaba, como me comentó una amiga, ‘vamos a seguir viviendo así sea en la sombra, pero trabajando como estamos acostumbrados’. En mi caso, no estoy derrotado”, dijo García.

El sueño de García al igual que el de sus hermanos y padres, es que él termine sus estudios de ingeniería civil.

En el Congreso se sostienen intensas negociaciones para conseguir una solución  migratoria permanente para los ‘soñadores’, mientras un juez de California desbloqueó parte del programa, lo que les permitirá solicitar una reinscripción a aquellos cuyo beneficio había expirado o estaba por expirar.

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