Una figura emergente en la derecha lusa augura un giro conservador también en España

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PORTUGAL PARTIDOS

Lisboa, 21 nov (EFE).- Paulo Rangel se ha convertido en el político luso de moda en su carrera por liderar la derecha. Convencido de que en una semana ganará las primarias del PSD y competirá por ser primer ministro, augura, en una entrevista con Efe, un giro conservador para Portugal y España.

“Creo que en Portugal podemos iniciar un cambio en enero que también va a contaminar a España, y que Pablo Casado (líder del Partido Popular español) podrá también ser el presidente del Gobierno cuando el Partido Social Demócrata (PSD) gobierne en 2022”, afirma Rangel, eurodiputado desde 2009 y con dos décadas de experiencia política.

Rangel (Vila Nova de Gaia, 1958) se dejó querer por los descontentos del PSD y comenzó a acariciar la idea de liderar el partido hace meses, pero aceleró sus planes tras la crisis política provocada por la ruptura de la izquierda con el Ejecutivo socialista que derivó en el adelantó de las legislativas al próximo enero.

El eurodiputado quiere ser el candidato del PSD a la jefatura del Gobierno, pero antes tiene que ganar a Rui Rio, líder del partido desde 2018, en las primarias del sábado 27.

Los sondeos le dan una ligera ventaja y Rangel está convencido de que ganará porque los militantes “no están muy satisfechos” con la gestión de Rio y su forma de hacer oposición al socialista António Costa.

“Creo que el PSD durante seis años, y especialmente en los dos últimos, no ha cumplido su misión de ser una alternativa fuerte”, señala.

A POR LA MAYORÍA ABSOLUTA

Asegura que en enero es posible vencer a Costa, pese a que los sondeos proyectan un 40% de intención de voto para los socialistas y un 26% para el PSD.

Las encuestas se equivocan, dice, y rescata el caso de Lisboa: el PSD arrebató la alcaldía a los socialistas en las municipales de septiembre contra todo pronóstico.

Rangel cree que entre los portugueses “hay una gran insatisfacción con el Gobierno de Costa”, a quien acusa de no hacer reformas estructurales en seis años, en especial en áreas como Sanidad.

La última polémica que salpica al Ejecutivo es la implicación de militares en una red de tráfico de drogas, oro y diamantes, de cuya existencia sabía el ministro de Defensa pero no informó ni a Costa ni al presidente luso, Marcelo Rebelo de Sousa.

“Es una cosa muy rara y extraña”, opina Rangel, que subraya que el presidente es además el comandante supremo de las Fuerzas Armadas y considera que el caso “daña” la imagen del país.

A su juicio, el proyecto socialista “se ha agotado” y hay un descontento que puede plasmarse en votos para el PSD.

PACTAR CON LA ULTRADERECHA, LÍNEA ROJA

En un hipotético escenario post-electoral en el que ganara las legislativas sin mayoría absoluta, Rangel admite negociar con fuerzas conservadoras, pero no con el ultraderechista Chega.

“Es una línea roja muy clara”, asegura tajante. “Con Chega, que es un partido de derecha radical, ya hemos dicho que no es posible hacer un acuerdo de Gobierno”.

Tampoco se uniría a los socialistas en un Bloque Central -una coalición PS-PSD-, una experiencia que sólo ocurrió una vez, en los años ochenta.

“Para Portugal sería muy malo”, defiende.

REFLEXIONES SOBRE EL MATRIMONIO GAY

Antes de oficializar su candidatura al PSD, Rangel habló en público por primera vez sobre su homosexualidad. En Portugal se recordó entonces cuando era líder parlamentario del partido, en 2008, votó contra la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo.

En aquel momento, justifica en la entrevista con Efe, su “convicción” era una transición gradual, desde la unión de hecho al matrimonio.

En 2008 la ley no salió adelante -el PS también votó en contra-, pero sí en 2010, cuando Rangel ya estaba en el Parlamento Europeo, donde ha apoyado el matrimonio homosexual, defiende.

“Mirando hacia atrás y viendo mi comportamiento luego en el Parlamento Europeo en 2009 y 2010, creo que lo podría haber hecho de otra manera”, reconoce el eurodiputado, convencido de que la sociedad portuguesa “respeta mucho” la vida privada y no será un “criterio” que defina el voto en enero.