Una exposición para indagar en el arcano de la dinastía de pintores Francken

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ARTE EXPOSICIÓN

Cassel (Francia), 4 sep (EFE).- Nicolaes Francken y Rubens fueron coetáneos, pero fue el segundo quien pasó a la posteridad. El Museo de Flandes muestra desde este sábado y por primera vez al público los trabajos del primero y de su descendencia, quienes cultivaron el arte de la pintura durante generaciones, pero cuyo legado se fue diluyendo con el paso de los siglos.

Es precisamente tratar de indagar en el misterio de esta dinastía, y rescatar su historia y sus obras, el objetivo de esta exposición, que quiere poner de relieve la herencia artística que dejaron quienes fueran unas de las figuras más relevantes de la historia del arte flamenco del siglo XVI y XVII.

“Es la primera vez que un museo realiza una exposición sobre la Dinastía de los Francken. El visitante podrá encontrarse con muchas temáticas, históricas, políticas y, por supuesto, artísticas”, explica a Efe la directora del museo, Sadrine Vézilier-Dussart, frente a una de las obras más imponentes de la muestra, pensada para la catedral de Amberes.

La primera generación vio eclipsada su fama con el paso de los años ante el hegemónico prestigio a nivel mundial de Rubens como representante de la escuela flamenca, lo que fue sepultando el nombre de los Francken con el paso de los años.

“La gente piensa que todo es Rubens, que no hay más en la escuela flamenca”, lamentan desde el museo y recalcan que en la familia Francken nunca se consideraron artistas, sino que para ellos pintar era un trabajo como cualquier otro.

La historia de este linaje se remonta incluso un poco antes de que el autor de “El Jardín del Amor” alcanzara el reconocimiento en el mundo de las artes: Nicolaes fue el inicio de esta saga familiar, de quien se conserva muy pocas obras y cuyo rostro se conoce por un retrato en el que un joven Rubens le inmortalizó.

La tradición artística continuó gracias a que sus cuatro hijos se dedicaron a las artes plásticas; Frans I, Hieronymus I, Ambrosius I y Cornelis conformaron lo que se conoce como la primera generación del clan, y de la que más datos se tiene a día de hoy.

Al igual que su padre, cultivaron su arte en una Amberes de finales del siglo XVI, que ya se erigía como enclave económico y comercial, y son sus obras las que copan la mayoría del grueso de la exposición.

De un gran cariz religioso, estas fueron fraguadas en la época de la contrarreforma que tanto condicionó la vida y la propia fisionomía de la ahora ciudad belga, donde incluso se llegó a instalar figuras de vírgenes en la vía pública para demostrar la supremacía católica, y de las cuales muchas continúan presentes en el callejero amberino.

La tercera generación fue conformada por Thomas, Hieronymus II y Ambrosius II, todos ellos hijos de Frans I, quienes ya pudieron trabajar con una libertad mucho mayor en un mundo a las puertas de la Edad Moderna que trajo una nueva revolución artística.

Así, los motivos en el trabajo de la prole de Frans I dejan de centrarse exclusivamente en la religión y se vuelven más oscuros para dejar espacio a la muerte, la desnudez femenina e incluso la magia, aunque en sus obras aun se preserva las técnicas del primigenio de la familia.

“Para nosotros era muy importante dejar claro las conexiones entre la primera y la segunda generación”, aclara Sadrine Vézilier-Dussart.

EL MISTERIO DE LA DINASTÍA FRANCKEN

La herencia artística de los Francken aun fue mantenida por una cuarta y quinta generación, pero de ellos ningún cuadro cuelga de las paredes del Museo de Flandes en esta exposición por la imposibilidad de fijar la autoría de sus obras.

El olvido al que fue condenada la dinastía, sumado al hecho de que cada generación no solo compartiese el don de la pintura sino también sus nombres de pila, han dificultado enormemente las labores de investigación para indagar en una familia en la que, además, la falta de información hace que una gran parte de su historia sea un auténtico arcano.

Pero de aquello que sí ha salido a la luz se vale la exhibición, que mantendrá sus puertas abiertas hasta el 2 de enero, para situar el nombre de los Francken en el lugar que le corresponden de la historia del arte.

Jorge Ocaña

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