Una cápsula rodante para conservar la memoria de la icónica torre Nakagin

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JAPÓN ARQUITECTURA

Tokio, 16 oct (EFE).- Cuando la arquitecta Akiko Ishimaru entendió que la icónica torre Nakagin Capsule de Tokio tenía los días contados se embarcó en la rehabilitación de una de sus cápsulas para convertirla en una vivienda rodante alquilable que pueda recorrer el país.

La cápsula A606 es por el momento la única que sobrevivirá a la demolición del bloque, cuyo derribo está previsto que empiece en marzo de 2022 tras años de campaña para preservarlo y renovarlo.

El edificio, concluido en 1972 y compuesto en realidad por dos torres conectadas, está formado por 140 módulos o cápsulas prefabricados de apenas 10 metros cuadrados, diseñados como unidades autónomas para vivir o trabajar y destinados a ser retirados o sustituidos de forma individual.

Ishimaru, de 43 años, vivió en una de esas cápsulas durante un año en 2013. Llegó allí, explica a Efe, empujada por su deseo de habitar en un icono de la arquitectura, en este caso del movimiento metabolista nipón de los años 60, que tiene uno de sus pocos exponentes todavía en pie en esta torre, obra de Kisho Kurokawa (1934-2007).

Kurokawa fue uno de los promotores del movimiento y uno de sus arquitectos más representativos. Esta corriente tenía la visión de un mundo moderno en el que los edificios estarían en continuo cambio y adaptación a las necesidades humanas, rompiendo con la arquitectura tradicional de espacios fijos.

Durante su estancia, Ishimaru se enteró de que muchas cápsulas, como la suya, habían perdido por las goteras los muebles originales instalados en los pisos.

Cuando años después supo de la cápsula A606, que los conservaba, decidió alquilarla y restaurarla. Empezó a usarla como oficina compartida mientras devolvía a la vida la televisión de tubo catódico y otros aparatos averiados.

Pensó que mostrando su “belleza” original, la gente entendería la intención del edificio y contribuiría a salvarlo.

Los planes de demolición del bloque se remontan a 2007, tras la muerte de Kurokawa. La crisis financiera global arrastró a la quiebra a la empresa que iba a encargarse y el futuro de la torre quedó en el aire durante más de una década.

UNA CÁPSULA RODANTE

La idea original era que la cápsula A606 se quedara en el edificio para seguir usándola, pero cuando se hizo evidente que la demolición era inevitable, empezó a negociar con el grupo propietario del habitáculo, que accedió a cedérselo.

“Haremos que esta cápsula se mueva, como una caravana. Queremos que viaje por todo el país, que la gente la comparta, la alquile y que haga feliz a muchas personas”, manifiesta Ishimaru.

La financiación del proyecto se logró por micromecenazgo, en una campaña en la que se recaudó casi el triple del objetivo, y con vistas a que la conversión en caravana comience a finales de 2022 o inicios de 2023.

Será la primera vez que se extraiga una cápsula. El Museo de Arte Moderno de Saitama, al norte de Tokio y también obra metabolista de Kurokawa, tiene expuesto el prototipo que se construyó para promocionar su venta y que frecuentemente se confunde con un habitáculo de la torre.

Aunque la A606 es la única cápsula cuya salvación está asegurada, en torno a una treintena de museos y galerías están interesados en acoger alguna cápsula salvable, señala Tatsuyuki Maeda (54), del Proyecto de Preservación y Restauración de la torre Nakagin Capsule.

“Las peticiones llegan principalmente de museos de Estados Unidos y Europa” que aseguran que no les importa cubrir los costes, aunque por el momento no hay nada decidido, mientras se estima el presupuesto, dice Maeda, inmerso desde hace años en la divulgación sobre el edificio y su situación.

DESACUERDO Y ABANDONO

Nakagin Capsule está compuesta por dos torres, la A (derecha) y la B (izquierda), conectadas por pasarelas casi a la intemperie.

El color rojizo del óxido es visible en los carcomidos marcos de las entradas a las pasarelas. Las puertas de algunas cápsulas están tapiadas con maderos o improvisadamente selladas con plásticos para evitar que los marcos agrietados generen filtraciones del amianto de sus muros, o simplemente por el mal estado del interior.

Bajo la pintura gris de las escaleras comunes se aprecian restos del esmalte original, rosa en la torre A, azul claro en la B.

El fluir natural del tiempo ha pasado factura a la estructura, descuidada por la dificultad para reformarla.

La idea original era que el propietario de los pisos fuera el grupo Nakagin, que debía alquilar las cápsulas y encargarse de su mantenimiento. Cuando el proyecto ya estaba avanzado, la empresa decidió venderlas, una contradicción entre el uso y el diseño del edificio que fue su condena.

Sus 140 cápsulas terminaron en tantas manos que los reemplazos, que debían realizarse cada 20 o 25 años, se volvieron materialmente imposibles por la falta de acuerdo. El elevado coste y el hecho de que el cambio debía ser integral, pues no es posible extraer una cápsula aleatoriamente, fueron determinantes.

Al deterioro natural se sumó la devaluación económica. Tras medio siglo el valor de las cápsulas es en principio nulo. En este escenario muchos propietarios optan por abandonar la propiedad, complicando más la situación.

María Roldán