Una activista afgana refugiada en Polonia sueña con llegar a España con su familia

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AFGANISTÁN ACTIVISTA

Cracovia (Polonia), 4 sep (EFE).- Nilofar Ayoubi, una activista y empresaria afgana que consiguió escapar con su familia de Kabul, espera junto a cientos de sus compatriotas en un campo de refugiados polaco a que se descifre su futuro, tan incierto como el de su país, con la mirada puesta en España.

Para Ayoubi, que hasta hace pocas semanas ayudaba a otras mujeres afganas a ampliar sus horizontes, el mundo se ha vuelto de repente muy pequeño.

Desde un pequeño cuarto del centro de acogida para refugiados de Grupa, a pocos kilómetros de la ciudad polaca de Gdansk (norte), esta activista compagina la atención a sus tres hijos, de entre once meses y once años, con las peticiones de ayuda a amigos y medios internacionales.

“La situación aquí es horrible, no tenemos ni un sitio para cocinar, escasean los pañales para los niños, ni siquiera estamos cerca de una ciudad donde poder ir a aprovisionarnos”, cuenta a Efe, en una entrevista telefónica.

Cientos de refugiados afganos evacuados por el gobierno polaco se encuentran distribuidos entre el centro de primera acogida. donde deben guardar una cuarentena de 10 días y lugares como Grupa, donde Ayoubi, su marido y sus tres hijos llegaron hace más de dos semanas.

“Al llegar aquí nos tuvieron esperando cinco horas, sin agua ni alimentos, y aquí hay niños y personas débiles”, explica con voz marcada por la urgencia de la situación. “No nos dan información sobre qué va a ser de nosotros, confío en que, una vez estemos registrados, nos permitan irnos de aquí”.

Ayoubi, que llevaba una vida confortable en Kabul y posee varias empresas de cosméticos, cuenta que sólo pudo traer consigo “algunas joyas”, pero de momento no tiene acceso a los bienes que dejó en su país.

Como miles de afganos, la familia de Ayoubi se vio forzada a dejarlo todo precipitadamente para salvar su vida: asegura que, en varias ocasiones, los talibanes entraron en su vivienda “para matarme, porque van de casa en casa con una lista de nombres”.

Ahora, las actividades que Ayoubi llevaba a cabo en su país y que pusieron su nombre en la lista de objetivos de los talibanes, como dar clases de inglés a mujeres o escribir obras de teatro, son “imposibles” con la nueva situación.

“Sé que los gobiernos occidentales terminarán por reconocer al régimen talibán, pero me gustaría que la comunidad internacional les presionase para que al menos incluyan a alguna mujer en el gobierno”, dice, consciente de que la libertad y la democracia aparecen lejanas para Afganistán.

Su huida del país fue posible gracias a la ayuda de la barcelonesa Laia Marsal, quien cuenta a Efe cómo, al seguir con interés los acontecimientos en Afganistán, dio con un angustioso mensaje de Ayoubi reclamando ayuda para ser incluida en el registro de civiles a evacuar; pero, como recuerda Marsal, “queda mucha gente que no hemos podido sacar aún”.

La dramática odisea de Ayoubi tuvo uno de sus momentos más dramáticos al llegar al aeropuerto de Kabul, donde, tras superar lo que califica de “favoritismos” y atravesar la marea humana que pugnaba por acercarse a los aviones, sufrió agresiones físicas por parte de los guerrilleros talibanes: “cuando me oyeron hablar con mi marido en mi idioma, identificaron nuestra etnia y nos golpearon, me rompieron la nariz”.

Su evacuación se efectuó a bordo de un avión militar de los fletados por el gobierno polaco, que acaba de anunciar que, de los aproximadamente 500 afganos que han llegado a Polonia, sólo 50 podrán permanecer en el país y el resto serán reubicados en los próximos dos meses.

Con la ayuda de Marsal y la asistencia de algunos amigos, Ayoubi espera poder llegar a España, donde la catalana ya está tratando de poner en marcha una red de ayuda.

Ayoubi agradece “a mis amigos españoles” la ayuda obtenida, y al mismo tiempo ofrece la suya, dentro de sus posibilidades “a la gente que está en este centro, especialmente a los más vulnerables”.

Miguel Ángel Gayo Macías

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