Tucson tiene un huerto urbano para comer sano y mantener tradiciones latinas

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ARIZONA HISPANOS

Tucson (AZ), 29 nov (EFE).- En el corazón de un barrio hispano de Tucson (Arizona) con fama de ser violento una granja urbana busca cambiar la mala imagen de la zona, promover una alimentación sana, de bajo costo y sin pesticidas al tiempo que recuperan viejas tradiciones y costumbres latinas e indígenas.

En lo que un día fue una escuela primaria en el Barrio Centro se encuentra la granja, un proyecto comunitario operado por más de una docena de voluntarios que quieren hacer un cambio, comenzando con el nombre de la granja, “Flores y Balas.

Flores representa la siembra, el cultivo, las cosechas, mientras que Balas se refiere a la reputación de violencia que existe en esta comunidad.

La idea fue de Tito Romero y Jacob Robles, quienes comenzaron dando clases y ayudando a sus vecinos y amigos a cosechar sus propios vegetales y frutas en sus propios hogares.

Cuando la escuela primaria del vecindario Julia Keen cerró sus puertas en el 2004 víctima de la “contaminación” sonora de la cercana base militar Davis-Monthan, en un duro golpe para la comunidad, los voluntarios vieron en los cerca de 10 acres de la escuela abandonada una gran oportunidad.

“Logramos que la ciudad nos otorgara la oportunidad de comprar a plazos el terreno y establecer todos los diferentes proyectos que tenemos”, dijo a Efe Silvia Valdillez, administradora del proyecto.

HUERTO URBANO Una parte importante de la granja es el huerto urbano, que anualmente produce entre más de cinco toneladas de productos como maíz, tomate, cebolla, ajo, calabaza y lechuga, brocoli, chile, betabel y sandia, entre otros.

Las familias de la comunidad pagan entre 10 y 20 dólares por bolsa llena de vegetales, aunque aquellas que carecen del suficiente dinero se les da de manera gratuita o con una pequeña cantidad en forma de donación.

Porque el dinero no es lo más importante, sino que la comunidad latina, que tradicionalmente padece de enfermedades crónicas como la diabetes, integre más vegetales a su alimentación diaria.

Para lograrlo, enseñan cómo incorporar estos vegetales en recetas tradicionales latinas.

“Una receta favorita de mi abuela era calabacitas con elote, una recta que me gusta compartir con otros”, dijo Valdillez.

El mensaje que buscan llevar a la comunidad es que los productos 100 % orgánicos como los suyos no necesariamente tienen que ser “caros” y solamente para las personas adineradas.

TRADICIONES ANCESTRALES Como parte del programa de educación ofrecen clases para mantener con vida entre las nuevas generaciones los conocimientos, remedios y tradiciones de sus antepasados, como el cómo moler y preparar el maíz para hacer tortillas a mano.

Pero más allá de los vegetales, en la granja se cuenta también con gallinas, cuyos huevos están también a la venta, y próximamente se espera poder ofrecer leche y queso de chivo, que sirven además para mantener limpio el terreno al consumir el pasto que crece.

Tras un parón forzoso por la pandemia de la covid-19, el proyecto poco a poco ha retomado su actividad y Valdillez indicó que tienen previsto sembrar más árboles frutales expandir el huerto para ampliar su oferta.

Se estima que el proyecto ha beneficiado a cientos de familias de bajos recursos, muchas de las cuales han recibido ayuda para “cosechar” agua de lluvia para el riego.

Margarita Ruiz, residente de Barrio Centro, considera que la granja y el huerto urbano han marcado una gran diferencia en su comunidad.

“Ahora vemos a más personas caminando alrededor con sus hijos, con sus perros, les gusta ver la siembra crecer”, dijo Ruiz a Efe.

Indicó que ella misma está sembrando en su jardín tras recibir algunas plantas del proyecto, algo que considera de gran importancia, especialmente ahora que los vegetales han subido tanto de precio.

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