En una modificación que podría marcar un punto de inflexión en las políticas de seguridad aeroportuaria de Estados Unidos, la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés) ha comenzado a permitir que los pasajeros mantengan puestos sus zapatos durante los controles de seguridad en varios aeropuertos del país.
La nueva directriz, aplicada de forma selectiva, ha sido observada en aeropuertos como:
- Baltimore/Washington International
- Fort Lauderdale-Hollywood International
- Cincinnati/Northern Kentucky International
- Portland International, Philadelphia International
- Piedmont Triad International en Carolina del Norte.
- También se ha registrado la implementación de esta medida en aeropuertos de alto tráfico como Los Angeles International (LAX) y LaGuardia en Nueva York.
LUEGO DE ATENTADOS
Este cambio representa una ruptura con una de las normativas más emblemáticas y duraderas implementadas tras los atentados del 11 de septiembre. El requisito de quitarse los zapatos fue establecido formalmente en 2006, luego del intento fallido de Richard Reid —conocido como el “shoe bomber”— de detonar un explosivo oculto en su calzado durante un vuelo de American Airlines en diciembre de 2001.
La medida, aunque vista por muchos como una molestia menor, ha sido objeto de críticas constantes por parte de viajeros frecuentes y defensores de la eficiencia en los controles de seguridad. Según expertos en aviación y políticas de seguridad, el cambio podría responder tanto a una reevaluación del riesgo como a la incorporación de tecnologías de escaneo más sofisticadas, capaces de detectar amenazas sin requerir la remoción del calzado.
No obstante, la decisión también podría tener implicaciones para el programa TSA PreCheck, que actualmente ofrece a los viajeros frecuentes la posibilidad de evitar procedimientos como el retiro de zapatos, cinturones y laptops por una tarifa de $80 cada cinco años. Si la política se generaliza, la percepción de valor de este programa podría verse afectada.
Hasta el momento, la TSA no ha emitido un comunicado oficial detallando el alcance nacional de esta modificación, ni ha confirmado si se trata de una fase piloto o de una nueva norma permanente.
Expertos en políticas de transporte señalan que, de consolidarse, esta decisión podría ser el inicio de una reconfiguración más amplia de los protocolos de seguridad en aeropuertos, con énfasis en medidas menos invasivas pero igualmente efectivas.