Suga, un líder fugaz bajo la alargada sombra de Abe

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JAPÓN GOBIERNO

Tokio, 3 sep (EFE).- Yoshihide Suga llegó al poder hace un año a la sombra de su predecesor, el carismático Shinzo Abe, y se irá del cargo todavía eclipsado por él. El líder nipón puso hoy fecha de caducidad a un mandato marcado por la pandemia y en el que nunca llegó a convencer a los japoneses.

Desde que tomó el testigo de Abe en septiembre de 2020, el veterano político conservador ha visto caer paulatinamente su respaldo popular debido sobre todo a su gestión de la crisis sanitaria y a la celebración de los controvertidos Juegos Olímpicos de Tokio.

Y eso que Japón, aunque no haya sido un país modélico a la hora de enfrentar la pandemia, tampoco está entre los más castigados por el virus. Con una tasa de mortalidad acumulada de 0,52 por cada 100 casos, el país asiático mejora las cifras de Alemania, Francia o Reino Unido, aunque se sitúa por detrás de Corea del Sur o Singapur.

UN GRIS PERFIL PÚBLICO

Con una amplia trayectoria cimentada en amasar el poder en la sombra dentro su partido y respetado en el seno del mismo por su capacidad para solucionar -o enterrar- problemas, Suga ha mantenido siempre un bajo perfil público, hasta que fue elegido por Abe para sucederle.

Antes de convertirse en primer ministro ganando la carrera a otros rostros más conocidos del Partido Liberal Demócrata (PLD), la única imagen memorable que había dejado para el ciudadano medio fue cuando hizo públicos en abril de 2019 los caracteres de la palabra “Reiwa”, el nombre de la nueva era que, un mes después, inauguraría el emperador Naruhito tras la abdicación de su padre, Akihito.

Suga, de 72 años, había ejercido como ministro portavoz de Abe desde que el anterior primer ministro llegó al poder a finales de 2012, y a pesar de ese cargo con constante exposición mediática, nunca pareció cómodo ante los focos ni destacó por ser un gran comunicador.

Ese ha sido un hándicap clave de su mandato, el no haber sabido transmitir un mensaje claro sobre la situación de la pandemia en el país, sobre su plan para frenar los contagios o sobre la justificación para seguir adelante con los Juegos de Tokio en plena crisis sanitaria.

CONTAGIOS Y POPULARIDAD INVERSAMENTE PROPORCIONALES

Suga tomó el testigo de Abe con un índice de popularidad cercano al 70 %, un porcentaje que ha ido cayendo de forma continuada conforme el país atravesaba olas cada vez mayores de contagios de covid-19.

El apoyo de los nipones al primer ministro se ha situado en los últimos días por debajo del 30 %, según varias encuestas conducidas por medios nipones, lo que se considera una línea roja en la política nacional que pone en cuestión la capacidad para ganar unas elecciones.

Esta evolución coincide con las cifras récord de casos de covid-19 que registraba el país, con unos 20.000 contagios diarios poniendo al límite el sistema hospitalario en la capital y otras regiones y más de 100.000 ciudadanos enfermos tratados en sus hogares por la saturación del sistema sanitario.

La respuesta del Ejecutivo al continuo empeoramiento de la situación sanitaria siempre ha sido la misma: declarar sucesivos estados de emergencia sanitaria en las regiones afectadas, una medida muy constreñida por el marco legal nipón, que no permite obligar al confinamiento de la población o al cierre de establecimientos.

La fatiga de los nipones ante estas restricciones, el doble rasero que pareció aplicar el Gobierno a diferentes eventos -sobre todo a los Juegos- y las contradicciones entre el discurso oficial y las recomendaciones de expertos sanitarios terminaron por firmar la sentencia política de Suga.

MOVIMIENTOS PARA SUCEDERLE

En este contexto, la caída de Suga ha sido tan previsible como sorprendente. Hace solo un día nadie en Japón hablaba de la posibilidad de que el primer ministro se retirase de la carrera por seguir en el puesto, pero al mismo tiempo, habían comenzado los movimientos dentro de su partido.

En la víspera, el exministro de Exteriores Fumio Kishida presentó su candidatura a liderar el partido con un discurso veladamente crítico contra Suga en el que prometió medidas más contundentes para frenar la pandemia y promover la recuperación económica.

Kishida fue ministro de Exteriores y de Defensa durante el prolongado mandato de Abe, quien pese a haberse retirado de la primera plana de la política por motivos de salud, se cree que sigue moviendo los hilos del partido.

Las especulaciones sobre un posible regreso de Abe, quien ostenta el récord de duración en el cargo de primer ministro nipón (casi 8 años), no han cesado desde su marcha.

El que fuera su protegido, Suga, sigue sus pasos y se apartará también del liderazgo del partido y de Japón. Difícil saber si se trata de una decisión temporal o definitiva, en un país donde los mandatos cortos de primeros ministros son tan frecuentes como los regresos de figuras políticas a las que se había dado por acabadas.

Antonio Hermosín Gandul

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