No soy de aquí, ni soy de allá

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Por Norma Martínez | nmartí[email protected]

•Joven de origen chileno encontró a su familia biológica a la que creía muerta, 30 años después gracias a Facebook.

Jacksonville, FL.- Su manita se desplazaba por el aire diciendo adiós. Era apenas una niña y por eso nunca pensó que ese día sería la última vez que vería a su madre biológica.

En la casa de Liliana Villaroel, existían carencias que llevaban a los niños a la desnutrición  y su  alma creció dolida por el abandono al que fue sometida cuando su madre, María Isabel Cordero, la dejó junto a sus hermanos en un orfanatorio en su natal Chile,  con la promesa que  “tan pronto las cosas mejoraran, regresaría  por todos sus hijos” a llevarlos de regreso a su casa.  Aparentemente la muerte del padre en 1989 habría obligado a Cordero a renunciar temporalmente a sus hijos, pero según se supo, nunca pensó en darlos en adopción.

El tiempo pasó y la muerte del padre de María Isabel le abrió las puertas para la recuperación de sus hijos, luego de recibir una pequeña herencia.   Cordero podía entonces  cumplir su promesa y  reunirse con sus hijos mayores,  a los que nadie quiso adoptar, pero la  pequeña Liliana  no tuvo la misma suerte.

A los siete años de edad, la niña fue adoptada por una familia en los Estados Unidos y separada de la tierra que la vio nacer en el pueblo de Olmué, Chile. LiLiliana Macarena Villaroel desapareció sin dejar rastro, convirtiéndose en Teresa Lilliana Mock, ‘la muñeca’ comprada en Chile y traída a los EE.UU.  por Naomi Geraldine Mock y John Kelvin Mock Senior, quienes vivían en Orlando, FL.

Recuerdos distantes

Su inocencia aún la imposibilitada de procesar la realidad y aceptaba el nuevo destino que le deparaba la vida, aunque guardaba dentro de sí los recuerdos remotos de su vida en Chile y de sus hermanos.

Los esposos Mock siempre dijeron a Liliana que su familia en Chile estaba muerta y que no había allí nadie que esperara por ella.

Con el tiempo, comenzaron los rechazos y maltratos por parte de la madre adoptiva, que llevaron a la niña a  un nuevo abandono en una institución para “menores problemáticas”, como dijo a HOLA NEWS,  llamado Camp Tracy.

Este nuevo encierro la llevó a proponerse desvelar los telones que cubrían sus recuerdos y decidirse a encontrar a la familia que, dentro de sí, sabía que estaba viva, según dijo a este semanario.

“Dentro de mí siempre llevaba a mis hermanos en mi corazón y desee por años volver a abrazarlos y  escuchar de la boca de mi madre las razones para mi adopción, pero siempre dispuesta a perdonarla”, dijo la joven emocionada al compartir su historia de reencuentro.

Un problema común

Cordero, la madre de Liliana, le aseguró que nunca renunció a sus derechos de madre y que nunca la dio en adopción o recibió compensación económica para entregarla.

HOLA NEWS se dio a la tarea de investigar casos como el de Liliana, que parecían comunes entre 1973 y 1990, durante la dictadura del general Augusto Pinochet, se realizaron una serie de presuntas  adopciones irregulares dónde se estableció que aproximadamente 579 menores fueron separados de sus familias saliendo de Chile rumbo a Estados Unidos y Perú.

De acuerdo a las investigaciones e historia del país sudamericano,  se inculpa a la trabajadora social Telma Uribe, quien poseía archivos que detallaban las vidas de cada uno de los  niños arrancados  ilegalmente del regazo de sus familias.  También se conoce de la existencia del sacerdote Gerardo Joannon, quien también influenció e intervino para que los padres o madres solteras, consideradas como una mancha vergonzosa en la sociedad en los años 80’s,  entregaran a sus hijos voluntariamente para ser puestos en adopción.

En casos más extremos, algunas madres entregaron de forma voluntaria a sus críos ya que tenían grandes problemas económicos y recibían compensación  por “abandonar voluntariamente”  o “vender” a sus hijos.

Organizaciones dedicadas a la recuperación de los menores dieron a conocer  que  525 de esos niños chilenos fueron acogidos por familias extranjeras, llegando 432 de ellos a Estados Unidos y 27 al Perú.

El reencuentro

Decidida a conocer su pasado y su familia biológica, a principios de marzo pasado Liliana publicó su historia en la página de Facebook ‘Chilenos en EEUU’ y en cuestión de una semana  pudo, finalmente contactar con uno de sus hermanos, quien aún la recordaba.

“Desde entonces nos comunicamos a diario  por videochat y aunque me tomó tiempo y valor, al fin hablé con mi madre y fue un alivio saber que está viva y que nunca dejó de amarme”, comentó sonriente la joven, quien asegura que ahora mismo se siente que  “no es de aquí, ni es de allá”.

La joven planea viajar a Chile para, finalmente, fundirse en un abrazo con su familia y comenzar a recuperar el tiempo perdido.

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