Sin médicos ni medicamentos, la salud es un lujo en el Líbano

0
5
591222

LÍBANO CRISIS

Burj al Barajne (Líbano), 12 jul (EFE).- Nadin Ali al Jaiat aguarda su turno en una clínica del campo de refugiados de Burj al Barajne, a las afueras de Beirut, para recibir atención médica gratuita en medio de la escasez que ha llevado a farmacias de todo el país a ponerse en huelga mientras las autoridades son acusadas de impagos a proveedores.

Es una de las varias decenas de mujeres que se agolpan en las salas de espera de esta clínica de salud reproductiva de Médicos Sin Fronteras (MSF), con hasta tres veces más solicitudes de pacientes debido a la grave crisis que ha causado que también los hospitales se queden sin electricidad.

“Mi hijo necesita medicamentos al igual que mi marido, pero no encuentro nada en las farmacias y la medicina de mi hijo no la consigo desde hace unos dos meses”, lamentó a Efe esta refugiada siria madre de un chico con una discapacidad mental y dificultades de aprendizaje.

Sin los efectos tranquilizantes de la medicación prescrita, el joven ha comenzado a mostrarse “alterado y nervioso”.

Nadin, su marido y sus cinco hijos viven hacinados entre cuatro paredes llenas de moho, cuyo alquiler y facturas equivalen casi a la totalidad de la ayuda mensual que reciben de la ONU como refugiados, unos 20 dólares al cambio actual de la libra libanesa en el mercado negro.

Desde su llegada al Líbano hace nueve años, la vida de esta familia nunca ha sido fácil, pero su situación ha empeorado drásticamente con la crisis económica que estalló en 2019, una de las peores en la historia del país mediterráneo, y la consecuente pérdida del 100 % del valor de la moneda local.

MÁS NECESIDAD Y MENOS RECURSOS

Con más de la mitad de la población sumida en la pobreza, la clínica de MSF en Burj al Barajne recibe diariamente unas 150 solicitudes de potenciales pacientes, frente a las 50 de antes de la crisis, explica a Efe su supervisora, Wafa Ali Shibet.

Varios centros de la ONG han visto duplicarse desde 2019 el número de solicitantes de servicios: “Las necesidades están aumentando y nuestra capacidad es muy limitada”, alerta la doctora encargada de atención prenatal, postnatal y planificación familiar.

Shibet reconoce que si bien la clínica tiene reservas propias traídas desde fuera por MSF, algunas medicinas y materiales médicos como el calcio para embarazadas deben conseguirlos en los mercados locales, donde prácticamente han desaparecido en las últimas semanas con el recrudecimiento de la crisis.

Según se intensifican los cortes eléctricos y las colas en las gasolineras, más y más personal sanitario emigra en busca de una mejor vida. Ha sido el caso de muchos de los médicos del Hospital Universitario Rafic Hariri, al sur de Beirut y un aliado de la clínica de MSF.

“Tenemos que hacer más esfuerzos para encontrar a alguien cualificado y con buenas competencias para tratar a nuestros pacientes”, relata la médica.

Los partos de bajo riesgo son llevados a cabo en un paritorio de la clínica ubicado al lado de este hospital público, que se encarga de las pacientes con diabetes, hipertensión o un historial obstétrico complicado.

SIN LUZ PARA LOS HOSPITALES

El director del Rafic Hariri, Firass Abiad, alertó estos días de que centros como el suyo están sufriendo “graves” cortes de luz, una constante en todo el país debido a la falta de combustible para hacer funcionar los generadores eléctricos.

El paritorio de MSF usa un generador del hospital, pero solo para los aparatos biomédicos.

“La electricidad llega tres horas en nuestro paritorio, por lo que nuestro personal está obligado a asistir los partos de las mujeres en condiciones de mucho calor, sin aire acondicionado”, explicó Shibet.

MÉDICOS PRIVADOS FUERA DE ALCANCE

Para otra paciente de Burj al Barajne, Suad Ali al Jalaf, las deudas no dejan de acumularse, ya debe cuatro meses de alquiler y sobrevive a base de cupones de comida de Naciones Unidas.

“Antes los médicos eran buenos igual que los estándares de vida, no había carestía, pero ahora no puedo ir al médico. Antes íbamos a médicos privados, pero cuando empezó la crisis comenzamos a venir aquí”, explica a Efe, sentada en la clínica de MSF.

Esta refugiada siria tiene diabetes, así como una de sus cuatro hijos, asma. Encontrar los medicamentos para ambas requiere varias visitas a diferentes farmacias.

MSF alerta de que a medida que aumentan las dificultades para acceder a alimentos básicos, los pacientes diabéticos enfrentan problemas para mantener sus niveles de azúcar, otro de los muchos efectos de la prolongada crisis en la salud de los habitantes del Líbano.

Noemí Jabois

591222591222