Sí, decimos ‘Gracias’, pero a nuestra manera

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Por Jacobo Strimling

Charlotte, NC.- A pesar de que el ‘Thanksgiving’ es tan gringo como el Apple Pie, parafraseando su dicho, los latinos disfrutamos la fiesta como si fuera propia, y muy propios hemos acoplado nuestras muy propias costumbres a la celebración estadounidense.

Sí, comemos pavo, porque es casi tan obligatorio como dar gracias, pero le ponemos nuestro sabor.  Mientras los estadounidenses rellenan sus aves con hierbas y harinas, los hispanos le agregamos más proteína animal y lo sazonamos a nuestro gusto y tradición.

Los mexicanos bien pueden hacer un pavo enchilado o un pavo en mole poblano. Maneras de preparar el guajolote, guanajo, güegüecho, chompipe o jolote hay infinidad y cada hogar lo hace como se le infle la gana y lo infla con chorizo, carne de cerdo y hasta con un pollo entero.

Tradición de la comunidad puertorriqueña es el ‘pavochón’, mezcla de pavo y lechón. Se prepara de la misma manera en la que los boricuas preparan el pernil de cerdo, la carne para asar de su predilección, dándole un gusto diferente con su adobo.

En cuanto a guarniciones, la tradición estadounidense dicta las sweet potatoes, la cranberry sauce, los brussels sprouts y la cacerola de green beans, alimentos que bien podrían estar en una mesa latina, para seguirles un poco la corriente, pero nuestro ‘Día del Pavo’ se completa con el arroz y los frijoles.

Tampoco es raro ver un pernil o pierna de cerdo acompañar al pavo, quizás también un pico de gallo o un chimichurri y,  como en toda buena fiesta latina,  hasta tamales, un perfecto sustituto del reiterativo cornbread.

En las mesas dominicanas, por dar otro ejemplo, suelen verse platos de ejotes y vainitas, como también es común que se sirvan coquito y una gran variedad de postres, más flan que pie de manzana, todo en ambiente de fiesta con bachata, merengue y reguetón.

Pero cualquiera que sea el ritmo o las recetas que aportan los latinos al ‘Thanksgiving’, todos lo celebramos con dicha y esperanza y, tal como lo hicieron los peregrinos,  damos gracias a esta tierra que alberga nuestra vida y hacemos igualmente efectivo el célebre y propio ‘mi casa es tu casa’ en unas celebraciones donde llegan a haber más invitados que sillas disponibles.

Latino Time

Más allá del menú de la fiesta estadounidense por excelencia, las diferencias con la manera de en la que lo celebramos comienzan precisamente en la hora de comenzar, mejor dicho ‘latino time’.  Mientras que la mayoría de las familias se reúnen alrededor de la mesa en un momento apropiado, como a las 4, 5 o 6 de la tarde, la familia latina generalmente necesita esperar algunas horas más para que todos los tíos y primos lleguen.

Y a esos ratitos hay que sumarle las horas extras que se utilizan para tener toda la comida lista, que para ello están metidos en la cocina no solo los dueños de casa, sino unas 8 o 10 personas más.

Por otro lado, tampoco es común entre los latinos los televisores encendidos en los partidos de futbol americano. Lo nuestro es la música y el brindis festivo. Que esto que el otro, damos gracias a la vida, a la familia y a los amigos y así como empezamos tarde, terminamos tarde, cantando más y bailando más.

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