•Sueños como los de la diseñadora Verónica Ramírez podrían no cumplirse si el Congreso no aprueba una ley que legalice a los DREAMers.

Jacksonville, FL.- La mexicana Verónica Ramírez solo había cerrado los ojos por un momento pero el cansancio,  tras un extenuante día de trabajo y estudios,  finalmente pudo más que su interés por el traje que trazaba en su mente.

Una sonrisa se dibujaba en su rostro pues soñaba con su infancia en Iztapalapa, un barrio tradicional de la Ciudad de México donde doña Rosita, su vecina, dejaba de lado el arreglo de una colorida falda para abrazarla y cariñosamente probarle el vestido con el que su familia la presentaría en la iglesia.

Cuando empezaba a recordar las fiestas de Carnavales y Semana Santa con vívidos colores y deliciosos aromas, la mano de su padre la sacudió suavemente para despertarla y llevarla de regreso a casa.

Ese era el diario vivir de Verónica:  del trabajo a la escuela de arte.  “Tenía que ahorrar dinero para lograr mi sueño de ir a la escuela y convertirme en una diseñadora de vestuario”, contó a HOLA News la joven amparada bajo la Acción Diferida para los llegados en la Infancia (DACA), que este 5 de octubre se cierra definitivamente, tras una orden ejecutiva del presidente Donald Trump.

Verónica Ramírez llegó a Atlanta, Georgia, con sus padres a la edad de nueve años.  Su papá, trabajador en una paletería de Ciudad de México, como buen emprendedor migrante decidió iniciar un restaurante para convertirlo en el negocio de toda la familia.  Así nació Chapultepec Mexican Restaurant en Senoia, Georgia, una pequeña ciudad considerada parte del área metropolitana de Atlanta.

DISEÑADORA DE NACIMIENTO

A Verónica no le tomó mucho tiempo decidir cuál sería su carrera al culminar la escuela secundaria.  Sin embargo, un gran problema le impedía lograr su sueño: el alto costo de la colegiatura y su falta estatus migratorio.

En Georgia, como en muchos otros estados, la legislación no permite a los jóvenes indocumentados pagar matrículas de residente y son considerados ‘fuera del estado’, elevando los costos de colegiatura a niveles prácticamente inaccesibles.

Decidida a perseguir su sueño de convertirse en diseñadora, trabajar en Nueva York y convertirse en la primera graduada universitaria de la familia,  trabajó en el negocio, ahorró dinero y luego se matriculó en una escuela de arte donde cursó los estudios básicos que luego convalidaría en la escuela de diseño a la que deseaba llegar.

“Fueron tiempos difíciles”, confiesa.  No le quedaba tiempo para coser, todo era trabajar en el restaurante, estudiar y hacer las tareas. Verónica obtenía honores académicos mientras pagaba casi ocho veces más que sus amigos en colegiaturas.

UNA LUZ

Pero en 2012, cuando solo le faltaba un año para graduarse, el presidente Barack Obama otorgó DACA, una protección de deportación a los ‘soñadores’ como ella.

Graduada de ‘college’,  consiguió  una pasantía con la famosa diseñadora chilena María Cornejo,  en Nueva York, la que luego se convirtió en empleo, pero debió retornar a Georgia pues le resultaba muy caro vivir en ‘la Gran Manzana’.

Nuevamente en Senoia, participó con doce modelos en Charleston Fashion Week, donde ganó un premio y fue contratada para diseñar para la prestigiosa cadena de tiendas Belk.

Pero no todo es color de rosa para está joven diseñadora pues ve su carrera en peligro por la decisión del gobierno de eliminar DACA. Sin embargo, asegura,  nada la detendrá pues ya sabe lo que es enfrentar la adversidad.  “Quiero seguir vendiendo mi ropa, mis diseños, hasta que pueda tener mi propia tienda.  Al principio pensaba que no iba a llegar a  ningún lado con esto.  Lo hacía porque es lo que realmente me gusta hacer.  Ahora, que ya he tenido  éxito, creo que este sueño es posible”, finalizó.

El fin de DACA

Este 5 de octubre fue la fecha límite dada por la Administración Trump para que pudieran presentar su renovación los beneficiados por el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) a los que se les venció el amparo entre el 5 de septiembre de 2017 y el 5 de marzo de 2018.

Desde que el presidente, Donald Trump, anunció el pasado 5 de septiembre el fin de DACA y otorgó la extensión a casi 150.000 de los amparados por el programa, los activistas y los mismos “soñadores” se han encargado de alertar sobre la fecha límite.

Treinta y ocho senadores demócratas, activistas y religiosos pidieron en varias ocasiones al Gobierno que amplíe el plazo y alegaron el poco tiempo que se otorgó para realizar el trámite.

No obstante, la secretaria en funciones del Departamento de Seguridad Nacional, Elaine Duke, aseguró el miércoles pasado que no habrá cambios en la fecha, ignorando incluso la dispensa para los “soñadores” que viven en Texas y Florida que pudieron ser afectados por los huracanes Harvey e Irma, respectivamente.

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