Santiago, el guardián de la memoria de la guerra civil de El Salvador

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EL SALVADOR PAZ

San Salvador, 13 ene (EFE).- El día que El Salvador puso fin a 12 años de guerra civil en 1992, Santiago bajó de la montaña para lanzar desde San Salvador una transmisión de la rebelde Radio Venceremos. Treinta años después, convertido en el guardián de la memoria de la guerra civil (1980-1992), recuerda con nostalgia ese momento.

Carlos Henríquez Consalvi, conocido por su alías Santiago y nacido en Venezuela, llegó a El Salvador desde Nicaragua la víspera de la Navidad 1980 para montar la guerrillera Radio Venceremos.

El 10 de enero de 1981, el insurgente Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) lanza su primera gran ofensiva contra objetivos militares. Ese mismo día, Santiago está frente a los micrófonos en la primera transmisión de Radio Venceremos, la voz oficial de la guerrilla.

41 años después, Henríquez Consalvi dirige en la capital salvadoreña el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) y recuerda en una conversación con Efe que el proyecto “surge en medio del conflicto armado, cuando comenzamos a guardar fotografías, videos”.

“El colectivo de la Radio Venceremos se ocupó de dejar un registro de esta parte tan importante de la historia de El Salvador”, dijo.

El MUPI registró su primera aparición pública a mediados de 1996, cuando publicó el libro Luciérnagas en El Mozote, que recopila textos sobre la masacre de 1.000 civiles desarmados en 1981 a manos del Ejército.

Agregó que tras la firma de los Acuerdos de Paz en Chapultepec, México, en 1992, “nos dimos a la tarea de repatriar todos esos archivos tan importantes que estaban diseminados por el mundo y constituimos lo que hoy es el Museo de la Palabra y la imagen.

Lo que en un primer momento se planteó como “una especie de repositorio documental de la luchas sociales” de El Salvador resguarda 60.000 imágenes en diferentes formatos y 4.000 horas de materiales fílmicos y video.

Pero el museo que dirige Santiago no acoge, restaura y protege únicamente material sobre la guerra civil, que se cobró la vida de 75.000 personas, sino que también de la vida cultural y legado indígena.

“Hoy el museo no solamente guarda los archivos de las luchas sociales, sino de la memoria cultural del país”, relató y destacó que entre su acervo se encuentra el archivo de artistas salvadoreños destacados.

Entre estos destaca Salvador Salazar Arrué, artista visual y escritor conocido como Salarrué, y Roque Dalton, el poeta ganador del premio en poesía Casa de las Américas de 1970 y asesinado en 1975 por sus compañeros de armas del insurgente Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

Agregó que una de las preguntas más difíciles de responder es cuáles considera que son los archivos más importantes del museo, porque en esa balanza tendrían que estar el legado de las “luchas sociales”, de Dalton, las fotografías personales del arzobispo Óscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980 por un escuadrón de la muerte, y de “mujeres que la historia oficial borró”.

“El museo, y yo creo que es uno de los logros que humildemente podemos señalar, ha rescatado mujeres que la historia oficial sepultó, como el caso de Prudencia Ayala”, indicó.

Ayala buscó en 1930 ser la primera candidata a ocupar la Presidencia de El Salvador y “quien comenzó esa lucha por los derechos femeninos en el país”, entre ellos el derecho al voto.

Indicó que los archivos de El Mozote en el museo se sumaron al proceso penal que se sigue contra los militares que comandaron el Ejército en los años más cruentos de la guerra civil por la matanza de casi un millar de civiles, la mayoría niños.

“El Museo cumple 25 años y a lo largo de muchos años, siendo una iniciativa ciudadana independiente alejada del poder siempre, ha sido difícil mantener estos archivos, sobre todo cuando no hay mayor interés en su protección, pero la fortaleza del Museo ha sido la sociedad”, dijo.

LA GUÍA DE LA PAZ

Santiago recuerda con nostalgia la transmisión desde la catedral de San Salvador del 12 de enero de 1992, cuando se firmó la paz y fue uno de los días “más intensos” y “más felices” de su vida, porque “ese día iba a detenerse el derramamiento de sangre”.

Para el director del MUPI, galardonado en 2008 con el Premio Príncipe Claus de los Países Bajos, “evidentemente” el sentimiento e impulso que llevó a detener la guerra civil debe seguir vigente para atender los problemas actuales de El Salvador.

“Cuando se escrutan históricamente los Acuerdos de Paz hay que separar unos acuerdos de paz que finalizaron el conflicto armado, que crearon condiciones para democratizar el país y otra cosa es qué fue lo que sucedió posteriormente con sectores que firmaron esos acuerdos”, reflexionó.

Subrayó que, si no se hace esa separación entre los acuerdos y sus firmantes, la valoración histórica será “errada y lejos de la realidad”.

Recordó que, durante mucho tiempo, estos acuerdos de El Salvador “fueron un referente para otros procesos de paz que no tuvieron el mismo desarrollo” por “lo que significó el cese del enfrentamiento entre hermanos y la construcción de nuevas instituciones y la superación de “60 años de gobiernos militares, de violaciones a los derechos humanos y toda esa historia trágica de militarismo”.

“Más que nunca, El Salvador necesita de su memoria histórica precisamente cuando desde diversos polos de la sociedad se plantea la construcción de una sociedad diferente de aquella que dejamos atrás con los Acuerdos de Paz”, indicó.

Hugo Sánchez

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