Rescatan a los “héroes olvidados y quijotescos” de la primera vuelta al mundo

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CIRCUNNAVEGACIÓN V CENTENARIO

Sevilla, 18 sep (EFE).- El periodista Guillermo Sánchez ha rescatado en su novela “Lluvia de almendras” a los “héroes olvidados y quijotescos” de la primera vuelta al mundo, como define a los cinco tripulantes de la expedición que se quedaron en las islas Molucas para defender del asedio de los portugueses la fortaleza construida por los españoles.

Estos cinco “personas, trágicos, perdedores, antihéroes y grandes olvidados de la historia” están casi diez años defendiendo a cañonazos el almacén de especias en una “guerra quijotesca” porque, en esos momentos, el rey de España se está casando en Sevilla con la hija del rey de Portugal, recuerda a EFE el escritor y periodista de Canal Sur.

Además, mientras estos navegantes siguen peleando en su pequeña fortaleza, España firma en 1529 un tratado con Portugal, el de Zaragoza, por el que el rey español vende a los portugueses el derecho sobre esas islas, abunda el autor del libro a bordo de una réplica de la nao Victoria, en la que Elcano que completó la primera vuelta al mundo en 1522.

Esta guerra de las antípodas de diez años “pudo evitarse con un mensaje de WhatsApp, pero los españoles que guardaban el fuerte de Tidore hace 500 años creían que la boda del Emperador de España y la princesa de Portugal en el Alcázar de Sevilla y la venta del Tratado de Zaragoza eran “fake news””, explica con una sonrisa el escritor (Sevilla, 1960).

Los cinco olvidados son Diego de Arias, de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), Juan de Campos, de Alcalá de Henares (Madrid), Maestre Pero el lombardero (Bruselas), Luis del Molino, de Baeza (Jaén) y Alonso de Mora (Portugal), precisa Sánchez, que en 2012 publicó “La levitación”, que relata el último proceso inquisitorial contra los iluminados.

El autor afirma que la novela está inspirada en los hechos reales que siguieron al paso de la expedición de Elcano, mientras que los personajes secundarios son los nativos de la isla de Tidore y estos héroes olvidados de la primera vuelta al mundo, que fueron dados por muertos o desaparecidos, y de las expediciones de rescate dirigidas por Loaysa desde Galicia y Saavedra desde México.

Para escribir el libro, emprendió hace varios años labor de documentación que ha incluido desde el historiador del siglo XVI Bartolomé Leonardo de Argensola hasta el contemporáneo Tomás Mazón.

Subraya que en Tidore, una de las islas Molucas, comenzó la historia del imperio español, que terminó más de 350 años después con los últimos de Baler en Filipinas, en ambos casos con guerras que considera “quijotescas” porque luchaban cuando oficialmente se habían acabado las hostilidades.

“La novela saca a flote el momento en que se hace abarcable y accesible el conocimiento y la comprensión del mundo, el sistema político y económico que ha evolucionado y ahora llamamos globalización. Es para sentir orgullo. Creo que tenemos una deuda de honor con estos personajes olvidados”, enfatiza Sánchez.

Ese proceso de expansión por el Pacífico se hizo en barcos de menos de treinta metros de longitud con “paredes y suelos negros”, en los que los marineros se quedaban pegados por por el sebo y otros materiales que se empleaban para proteger las embarcaciones de la broma o gusano de madera, subraya el autor en la cubierta de la réplica del barco.

Tras expresar su admiración por cómo hasta 40 exploradores en un mismo barco se enfrentaban a las “tempestades y las contrariedades de la naturaleza humana”, recuerda que la nao Victoria no se conservó en las Atarazanas de Sevilla, como propuso López de Gómara, sino que siguió navegando en la “conquista” de América hasta que se perdió.

Sobre el título del libro, Sánchez explica que se refiere a lo que ocurría con los nativos de Tidore, que por las tardes esperaban a la caída de la tarde una lluvia de almendras que consideraban un maná pero que en realidad eran los frutos que arrojaban del buche las palomas que volaban por la zona y que no podían ver por las nubes que les cubrían.

El autor también resalta que en las lecturas que hizo para preparar el libro le llamó la atención las luchas de rinocerontes contra elefantes que el rey de Portugal organizaba en Lisboa.

Manuel Rus