Raúl Zurita reivindica la poesía como defensa ante “todas las pandemias”

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RAÚL ZURITA

Madrid, 25 nov (EFE).- “A través de la palabra nos defendemos de la pandemia”, no solo de la del coronavirus “sino de todas las que asolan el mundo como la injusticia, la explotación o la tiranía”, ha asegurado a Efe el poeta chileno Raúl Zurita, horas antes de recibir en Madrid el XXIX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Zurita (Santiago de Chile, 1950) fue galardonado el pasado mes de septiembre con este premio, el más importante reconocimiento de poesía en español y portugués que conceden Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca, por su ejemplo poético para “sobreponerse al dolor” y sus versos comprometidos “con la vida, la libertad y con la naturaleza”.

“Las palabras son al mismo tiempo un refugio y un arma de defensa” ha explicado este miércoles el poeta, que considera que sus versos son políticos aunque, sostiene, eso lo tienen que decir los demás: “una poesía tiene que ser política, tiene que ser un poema de amor, tiene que ser todo… o es todo o no es”.

Y cree que la poesía está siendo reconocida en la actualidad más que en otras épocas, a pesar de que se lea menos que otros géneros: este mundo “está más cercano al poema que a otras formas literarias porque tiene que ver con la interioridad, con la intimidad y esta pandemia, desgraciadamente, en su terror, en su omnipresencia, lo hace más plausible”. “La poesía está recogiendo ésto, no sé de qué forma pero es más afín que las grandes narraciones”.

De Zurita se ha destacado la dignidad de su palabra poética y cree que la dignidad es algo elemental que hace a una persona “poder mirar a alguien de frente, mirarlo a los ojos”.

Reconocido también por su aportación al patrimonio común iberoamericano, Zurita considera que siempre ha habido un “lamentable” desconocimiento mutuo entre la literatura española y la del resto de países latinoamericanos, aunque cada vez sea menor.

Pero “todos tenemos un idioma común, la lengua madre, y en ella cada uno va encontrando su forma de guardar sus historias, sus peculiaridades, aunque hay una cosa mucho más general que es esa lengua y en eso estamos todos unidos”, ha recalcado.

Por eso, insiste en que “prohibir una lengua es como prohibir el aire, ya sea el castellano, el catalán o el vasco”.

Partidario de un lenguaje inclusivo pero sin que se lo fuercen, dice que no le gusta “el todes” y prefiere “todas y todos y repetir todas las palabras en masculino y en femenino antes de incluir una e o una x o cosas extrañas”.

Sobre su país, Zurita ha considerado que Chile está viviendo una situación de “gran esperanza” después de decidir hace un mes en un plebiscito, en respuesta a las protestas sociales, redactar una nueva Constitución en sustitución de la actual, heredada de la dictadura de Augusto Pinochet.

“Se abre una gran esperanza pero para los que somos ya viejos estamos también seguro ante una futura desilusión pero, de momento, estamos expectantes”, ha señalado el escritor, que cree que el proceso es también una puerta de esperanza para los pueblos indígenas y sus lenguas. Habría que fomentar todas porque “cada vez que desaparece una lengua, desaparece un mundo”.

Las protestas que se viven en Chile están provocadas por un encono social por una injusticia “tan profunda y tan fuerte que uno no es que apruebe pero entiende incluso su violencia, porque es legítimo pensar que sin esa violencia no habría pasado nada. Lo terrible es haber tenido que llegar a eso”, recalca el poeta.

Un país en el que “hay más que nostálgicos” de Pinochet: “hay practicantes acérrimos, un 20 por ciento irreductible”, ha indicado el autor que sostiene que “el fascismo es algo que hay que combatir en todos los frentes excepto en el frente físico porque uno no puede hacerle a un fascista lo que un fascista no dudaría en hacerte a tí”.

Zurita tomó parte en las movilizaciones universitarias de finales de los 60 y en una huelga de hambre e ingresó en 1968 en las Juventudes Comunistas. Y el 11 de septiembre de 1973, día del golpe militar chileno, fue detenido al llegar a la Universidad y torturado.

El premio que recogerá de manos de Doña Sofía es una gran alegría para el poeta, que cita una frase que asegura que “todo el mundo tiene derecho su minuto de alegría en medio del apocalipsis”. Y recalca que el optimismo “es una profesión que no hay que abandonar nunca”.

Por Carmen Naranjo

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