Consejos del Consumer Financial Protection Bureau

Ya sea que tengas planes o lo hayas considerado, contamos con la información necesaria para hacer una de las inversiones más importantes de tu vida.

Antes de dar cualquier paso,  ponte una fecha ‘meta’ para cuando quieres ya comprar tu casa. De igual manera, haz un plan de ahorro para la ‘prima’ o el dinero inicial que puedas necesitar (generalmente es entre el 10 y el 20 por ciento del valor de la propiedad).

Revisa tu crédito. Verifica que tu historia crediticia sea acorde a las cuentas que has abierto y repara aquellas que puedan afectar tu puntaje, ya que los bancos toman en consideración tu comportamiento en el manejo de tus cuentas.

Es importante que trabajes tu crédito para conseguir un mejor puntaje. Paga tus cuentas a tiempo y reduce tus deudas lo más posible, sin que esto signifique afectar tajantemente tu presupuesto.

Contacta a un asesor de vivienda. Este te ayudará a decidir el mejor momento para comprar la casa, analizar las opciones de préstamos hipotecarios y encontrar la propiedad ideal para ti.

Ten en claro que en EE.UU. los prestamistas no pueden negarle un crédito hipotecario, cargarte cuotas o tasas de interés más altas, ofrecerte términos desfavorables o desalentarte a solicitar un préstamo en base a tu raza, color, país de origen, sexo, estado civil o ser beneficiario de asistencia pública.

Averigüa si existen programas de asistencia para las personas que compran casa por primera vez. Muchos estados y organizaciones locales ofrecen programas que ayudan a los compradores primerizos con el pago inicial o los costos de cierre. Para encontrar programas en tu comunidad consulta a tu asesor de vivienda o llama al  (800) 569-4287.

Cuidado con los Contratos por escrituras (Contracts for Deed o Land Contracts).

A veces el vendedor de una casa ofrece a un comprador financiarla directamente a través de un “contrato por escrituras” y no a través de un banco u otro prestamista. No importa cómo se llamen en inglés, esos métodos de financiar casas pueden ser más arriesgados que las hipotecas tradicionales porque no tienen las protecciones que las últimas proporcionan.

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