Pastor recorre 1.600 millas en la frontera por un trato justo a los migrantes

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FRONTERA INMIGRACIÓN

Miami, 15 nov (EFE).- “La frontera es segura a menos que seas inmigrante”, esa es la gran lección que el pastor Doug Pagitt aprendió al recorrer en bicicleta 1.600 millas (2.500 kilómetros) a lo largo de la linde entre EE.UU. y México y hablar con agentes fronterizos, residentes, activistas y los propios migrantes.

Cansado del mensaje republicano sobre los peligros que acechan sobre la frontera a causa de la inmigración y no tanto por los kilómetros acumulados, el religioso evangélico concluyó este domingo en San Agustín (Florida) un viaje de nueve semanas que le llevó a conocer de primera mano una realidad que poco se parece a la imagen que proyectan, en su opinión, medios y políticos conservadores.

En entrevista con Efe, el religioso de Mineápolis, en el norteño estado de Minesota, lamentó esa “narrativa de miedo e imagen de zona de guerra” que ofrecen los republicanos, que aprovechan el alto flujo migratorio para atacar al presidente, Joe Biden.

El demócrata ha visto debilitado su intento de lograr una política migratoria “más humana” por el creciente número de inmigrantes.

El pasado año fiscal, que concluyó en septiembre, se cerró con 1,7 millones de inmigrantes detenidos en la frontera, una cifra no vista en décadas, debido en parte a que casi un millón de ellos fueron expulsados inmediatamente del país y repetían su intento de cruce, engordando así las cifras totales.

Esos números han envalentonado a los republicanos para pedir más mano dura y retomar todas las medidas migratorias del expresidente Donald Trump, única forma, en su opinión, de solventar la crisis que se vive en una frontera desbordada por los inmigrantes, la delincuencia y el narcotráfico.

CRISIS HUMANA

Pero para Pagitt la única crisis fronteriza es el tratamiento “repugnante” a los migrantes por parte de Estados Unidos. Es lo único que, dice, ha visto desde que inició su viaje el 11 de septiembre pasado, justo donde la valla fronteriza estadounidense se hunde en el océano Pacífico, separando Tijuana (México) y San Diego (California).

Y, comenta, no es una percepción personal, pues la mayoría de la gente con la que habló, sin importar su afiliación política, le manifestó que las políticas migratorias de EE.UU. no son las correctas, ni siquiera los agentes migratorios con los que se topó en su camino, y que se debería tratar a los migrantes de una forma “más justa”.

“No termino de entender por qué mantenemos estas políticas si no sirven a ninguna las personas afectadas”, afirma este autor de varios libros y habitual en grandes medios de comunicación estadounidenses tras su última jornada de un viaje que empezaron 3 en San Diego y se le sumaron otros 15 en el camino.

VULNERABILIDAD EXTREMA

Pero en su opinión, los que se llevan la peor parte son, sin duda, los migrantes; y puso como ejemplo el caso de un hondureño de 41 años que conocieron y que estaba loco por entrar en EE.UU. para poder trabajar y ganar lo suficiente para pagar el costoso tratamiento que necesita su hija.

Esa desesperación casi se convierte en muerte cuando los agentes migratorios le encontraron en el desierto y le deportaron a México y es la misma que le empujó a intentarlo de nuevo pocos días después, aunque su vida volviera a estar en peligro.

“Los inmigrantes son extremadamente vulnerables a los elementos, a los carteles mexicanos, a las políticas migratorias y se los está llevando a morir”, considera el cofundador y director ejecutivo de Vote Common Good, una ONG dedicada a inspirar y movilizar a las personas de fe a participar en la vida cívica.

NO “MILITARIZACIÓN” DE LA FRONTERA

Si el viaje se inició en el Pacífico, el destino final fue este domingo en San Agustín, la urbe más antigua de Estados Unidos y la primera colonia permanente española en Norteamérica.

Y esa herencia hispana y ese carácter de lugar de llegada fueron claves para que Pagitt decidiese prolongar su recorrido varios cientos de kilómetros más, en los que llevaron su mensaje de que se debe buscar alternativas a la seguridad fronteriza basada en la “militarización” de la linde.

Porque esa era la otra vertiente del viaje, la de llevar un mensaje de normalidad en la frontera y de contar las historias humanas de las que fueron testigos al resto de un país que, dice, no se da cuenta que al final de cuentas “esto no se trata de políticas migratorias, sino de personas”.

Pagitt regresa ahora a casa con más de 5.000 kilómetros en sus piernas, y lo hace con un “peaje espiritual” que, cree, le ha cambiado como persona y con la esperanza de contribuir a mejorar el tratamiento a los migrantes.

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