Pasatiempos de pandemia: transcripciones de la burocracia española

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Washington, 7 may (EFE News).- Por orden del rey de España, Carlos III, en 1780 quedó prohibida la presencia de “gigantones, gigantillas y Tarazcas” en las procesiones de Madrid, un decreto real que usted tiene oportunidad de transcribir si el encierro del COVID-19 le está enfermando la paciencia.

El decreto de tres páginas, una de ellas cubierta con los títulos reales y nobiliarios del monarca, es uno de los 2.597 documentos legales de España que datan de los siglos XV al XIX, adquiridos en 1941 por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

La biblioteca inició un esfuerzo de transcripción de esos documentos por colaboración masiva en febrero, justo antes de que la pandemia recluyera en sus hogares a millones de personas que, a esta altura, han casi agotado las reservas de esparcimientos.

En la plataforma virtual “By the People” (Por el Pueblo), los voluntarios ayudan a transcribir las colecciones digitalizadas de la biblioteca. Hay documentos en castellano, aragonés, catalán y latín.

“Hasta hoy hemos tenido 275 contribuyentes en el proyecto”, dijo a Efe Stephen Mayeaux, de la oficina de comunicaciones de la biblioteca.

“Aproximadamente un tercio de las 5.585 páginas en esta primera fase de entrega ha recibido una transcripción inicial, pero la mayoría de esas páginas espera la revisión de segundo voluntario”, añadió.

En campañas similares, la Biblioteca del Congreso atrajo miles de voluntarios que han transcrito casi 100.000 páginas que van desde documentos históricos, como el diario completo de un soldado en la Guerra Civil de EE.UU., a cartas enviadas al presidente Abraham Lincoln, y las misivas, diarios y discursos de sufragistas estadounidenses como Susan B. Anthony y Mary Church Terrell.

La Biblioteca del Congreso adquirió estos documentos jurídicos españoles como una “colección de pactos de concursos judiciales entre personas, hidalguenses e instituciones civiles y religiosas en España-Reales Cédulas-Pragmáticas Reales de los siglos XVII y XVIII”.

La mayoría de los materiales fueron impresos utilizando la técnica de impresión tipográfica manual sobre papel elaborado a mano, aunque la colección también incluye documentos manuscritos.

El acervo adquirido en 1941 al mercader de antigüedades José Portner, de Barcelona, comprende 1.487 informes, 110 documentos de ley canónica, 20 instrumentos notariales, 223 opiniones y fallos judiciales, 550 leyes y estatutos y otros 207 varios.

El paquete burocrático permaneció en la Biblioteca Legal durante más de 40 años desde su adquisición antes que se obtuvieran los fondos para organizar, indexar y copiarlos en microfilm entre 1983 y 1984.

Entre los más interesantes se encuentran documentos pertenecientes a la Inquisición, bulas papales y concordatos eclesiásticos, como asimismo leyes, estatutos, instrucciones y decretos de los reyes y funcionarios gubernamentales.

Uno puede enterarse, por ejemplo y en latín, de una opinión legal emitida el 13 de marzo de 1614 cerca de “un caso hipotético entre Tisio Campsor, de la ciudad de Barcelona, versus Cayo, una persona natural imaginaria, concerniente a transacciones de monedas extranjeras”.

También puede informarse en el castellano del siglo XVII de la disputa entre las iglesias de Nuestra Señora del Pilar y la de El Salvador del Mundo, en Zaragoza, “sobre las ceremonias en el rito público de los Divinos Oficios”.

Algunos de los asuntos de interés ya entonces, siguen siéndolo de debate actualmente, como la presentación de 19 páginas en el siglo XVII de Manuel de las Heras ante la Junta de Brazos del Reino de Aragón acerca del valor de las monedas de oro y plata.

Con la tipografía de la época, en la que la “s” se escribía como “f”, el testimonio señala que “feria denotable conveniencia del Reyno, el fubir el valor de la plata, y oro, no folo en monedas, fino en pafta; y para que con mas fundamente fe puda difcutir efta vtilidad, parece precifio fundarla en las razones politicas, y experiencias que la perfuaden”.

Los documentos se leen como instantáneas históricas que capturan desde la pomposidad de la monarquía y la nobleza superpoblada de títulos, hasta los padeceres de Jaime Barragón quien, en el siglo XVII, después de 34 años de servicio como soldado de caballería y “con hijos y falta de medios para alimentarlos”, suplica por una jubilación.

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